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Entrevista a José Ángel Fernández Navío

Sábado, octubre 5th, 2013

José Ángel Fernández Navío ha construido la mayoría de los “Pasajes del Terror” del mundo y, en la actualidad, dirige el del parque de atracciones Tivoli World, en Málaga. En esta ocasión, he querido compartir el papel de entrevistador con dos amigos fans del Pasaje del Terror. Ellos son:

Manuel Panadero: “Soy un incondicional del Pasaje del Terror y del cine de terror. Además, me considero afortunado, pues pude disfrutar del Pasaje desde sus inicios que, en mi opinión, fue también su época de esplendor comercial y artístico.”

Eric Palau: “Fui actor en el Pasaje del Terror de Londres y fan del espectáculo. Doy gracias a José por respondernos a estas preguntas y a Pepe por ponernos en contacto con él”.

Pepe: José, ¿nos cuentas por encima tu trayectoria en el Pasaje del Terror y cómo llegaste a la empresa?

José: Hola Pepe, yo trabajaba como decorador comercial en Valencia. Un día coincidí en la empresa de un proveedor y amigo con otra persona relacionada con el gremio al que le habían propuesto colaborar en un proyecto relacionado con el espectáculo. A pesar de no estar interesado, accedí a acompañarlo a su entrevista, seguramente movido por la curiosidad, cita a la cual por cierto esta persona no acudió. Me entrevisté esa mañana con el director técnico del proyecto, Santi Sardá, que consiguió convencerme de lo interesante del trabajo. Estamos hablando de 1989. Después de montar en el Cine Museo, del mítico Barrio del Carmen de Valencia, comenzó mi incursión en el campo de la escenografía y el  espectáculo.

Retrospectiva del Cine Museo, en Valencia.

Retrospectiva del Cine Museo, en Valencia.

Eric: ¿Qué tipo de trabajos hacías como decorador comercial?

José: Pubs, peluquerías, exposiciones de productos en empresas y cosas así.

Pepe: ¿Nos cuentas un poco más sobre ese primer encuentro con Sardá y sobre la experiencia de montar un Pasaje dentro de un cine abandonado?

José: El día en que acudí a la entrevista, me encontré en el vestíbulo de un cine cerrado desde hacía años. Tenían apilados sin orden una cantidad de cosas que a posteriori sería parte del atrezzo del Pasaje: ataúdes, lápidas, esqueletos, etc.

Entre todo esto había una pequeña mesa consistente en un tablero sobre caballetes y, sentado a la misma, un tipo grande rubio y de ojos saltones que se presentó como el director de producción. Como ya conté antes, no me sentía interesado en el trabajo, porque tenía encargos pendientes, pero cuando me quise dar cuenta ya estaba viendo las instalaciones y valorando el trabajo. Me presentó al equipo de personas que habían reunido, así como los materiales de que disponían; casi nada: aglomerados ya utilizados y cortados, cubiertos de una especie de escayola, estopa y clavos, con los que había de construir una estructura de seiscientos metros cuadrados. Esto prometía y, en ese momento de mi vida, cualquier cosa que propusiese aventura o reto era una motivación. Y valió la pena, vaya que sí.

Pepe: Supongo que el pavimento del cine estaría inclinado, como todos los cines. ¿Eso supuso un gran problema?

José: No tanto un problema como un trabajo extra. Soy amante de las matemáticas y, por tanto, de la geometría. Un suelo convexo supone el tratamiento individual de cada uno de los paneles y un tal Jose, al que acabamos apodando Cadalora (gran piloto de motos) por la destreza que acabó demostrando utilizando la caladora, los iba cortando. Por otro lado, el suelo era de madera, por lo cual no habíamos de recurrir al taco y tornillo.

Manuel: ¿Qué diferencias ves, aparte de las temáticas, entre el Pasaje del Terror y las imitaciones?

José: Todo lo que vemos hacer con facilidad, como el fútbol de Iniesta, da la impresión de que cualquiera puede hacerlo, pero todo es fruto de un aprendizaje, años de errores y aciertos y la capacidad de autocrítica dan resultados a largo plazo. Esto se traduce en resultados. En cualquier caso no se puede hablar de imitaciones, sino de tendencias o estilos. Nada es patrimonio de nadie y, lo que pueden parecer imitaciones, no son sino evolución o nuevas propuestas.

Eric: ¿Nos hablas un poco sobre la música en el Pasaje del Terror? ¿De dónde proviene? ¿Hay alguien que crea esas atmósferas musicales, especialmente para el Pasaje?

José: Las bandas sonoras han evolucionado con el paso del tiempo. En un principio se componían de una selección de temas pregrabados en discos de efectos comercializados. Cuando Santi Sardá asumió la producción de los montajes y,

dado que había sido técnico de sonido de los más importantes eventos musicales de Cataluña, en la época, y por tanto conocedor del medio, empezó a grabar en estudios. Con la llegada de los nuevos medios multimedia, así como la facilidad de contar con la posibilidad de crear composiciones con programas al alcance de cualquiera, se han podido crear nuevas bandas sonoras a partir de cualquier idea. Grabamos un sonido o voz, que después es fácilmente masterizado y mezclado con resultados exactos a lo que hemos querido conseguir. En los últimos tiempos, me he decantado por la adaptación de temas de B.S.O. correspondientes a los personajes.

Pepe: ¿Qué otros Pasajes has montado?

José: Valencia (Cine Museo), Madrid (Parque de Atracciones), Feria de Octubre. Guadalajara  (México), Orlando (USA), Bilbao PIN 1, Leganés (Parquesur), Barcelona (Tibidabo), Valencia 2, Madrid (Balcón de Rosales), Málaga (Tívoli World) ,Hollywood Cars Madrid (Familia Addams), Sevilla (Cartuja 93), Roma (Lunapark), “Feira Popular” de Lisboa, Bilbao PIN 2, Blackpool Pleasure Beach (UK), México DF (Reino Aventura), San Salvador (CA), Guatemala (CA), Cancún (México), Londres (UK), Port Aventura (Halloween), Warner (Halloween) y  colaboraciones en Pirámide del Terror (Terra Mítica) y Templo del Terror ( Isla  Mágica), además de una serie de instalaciones efímeras y reformas parciales e integrales.

Pepe: La persiana de Freddy, uno de los mejores impactos que ha tenido el Pasaje del Terror, bajo mi punto de vista, ¿es un invento tuyo?

José: No, no es invento mío. Lo incorporamos en Madrid. Fue idea de Sardá.

Pepe: ¿Dónde y cuándo nació la idea de meter 2 actores en el cuadro de Freddy?

José: Pudo ser en Málaga. Por un lado se le daba protagonismo a una saga cinematográfica que estaba de absoluta actualidad y, por otro, nos daba la posibilidad de jugar con la naturaleza del personaje, consiguiendo con dos actores la posibilidad real de hacerlo aparecer y desaparecer en diferentes momentos y lugares, como en una pesadilla.

Pepe: ¿Qué aportaciones has hecho al espectáculo?

José: No sé si se puede considerar una aportación. Es más bien un enfoque, el hecho de darle la máxima importancia a la actuación de los actores. He alargado la presencia física de los personajes en las escenas y les he dado a los cuadros diferentes posibilidades de entrada y salida, para que el personaje pueda trabajar dependiendo de la naturaleza, entiéndase volumen y velocidad, del grupo de espectadores. Esto incluye eliminar la dependencia de recursos técnicos.

Pepe: ¿A qué te refieres con eso de “eliminar la dependencia de recursos técnicos”?

José: Cuando se diseña una escena, se visualiza tal y como nos gustaría que se desarrollase, así como el efecto que causaría en el público. Eso está bien, pero lo que no podemos prever es el tiempo y la reacción de las personas. Quiero decir que, si tenemos un grupo de visitantes que se parte en dos y nos encontramos con un efecto mecánico o electrónico programado que, de alguna forma, marca o temporiza la acción del personaje, es muy probable que el resultado sea diferente para cado uno de los participantes  y que esto reste capacidad de improvisación al actor.

Manu: ¿Cuál es tu cuadro favorito del Pasaje, el que más te motiva?

José: En particular ninguno, pero es cierto que todos. Me explico, en numerosas  ocasiones se ha dado que he tenido que sustituir a un actor por cualquier circunstancia, esto me ha dado la posibilidad de estudiar in situ la reacción del público ante cada escena y la conclusión es que todos son impactantes si sabemos proponerlos. Pero sí es cierto que un personaje con la posibilidad de comunicarse con el visitante tiene en su interpretación la posibilidad de crear expectativas, de dar un tratamiento exclusivo a cada uno de los visitantes. Durante los últimos años, y por una cuestión práctica, he asumido el papel de “Speaker” en el Pasaje de Tívoli.

Pepe: La idea del segundo impacto de Drácula me pareció genial, porque nadie se lo espera. ¿Esa idea nació en el Pasaje de Madrid? ¿Fue la respuesta a la necesidad de que la gente no saliera por la puerta de emergencia?

José: En general, los segundos impactos son ya una parte de la estructura del montaje. Verás, una buena escena consiste simplemente en: insinuación, aparición, desaparición y último impacto.

Pepe: ¿Dónde y cuándo nació el texto del monje de biblioteca anunciando la poseída?

José: Podría haber sido en Tibidabo, Barcelona .Como en el caso de Freddy, la influencia del cine en el Pasaje del Terror es del cien por cien y, si no me equivoco, la novela y película “El Nombre de la Rosa”, exitosa en aquellos años, inspiró la presencia de los monjes.

Pepe: ¿Cómo estaba el local del Tivoli World antes de montar el Pasaje?

José: El local había albergado una atracción llamada El Río Misterioso, consistente en un canal de agua de un metro de altura, por el que unas barcas recorrían diferentes escenarios temáticos. La atracción había sido desmontada.

Pepe: ¿Fue muy difícil montar en El Río Misterioso o, por el contrario, aprovechasteis la estructura existente?

José: La única dificultad fue la apertura de huecos en las paredes, de hormigón de treinta centímetros de espesor, para abrir dos metros cuadrados. Se trabajaba muchas horas. Por otro lado, disponer de una estructura tan sólida nos proporcionaba mucha seguridad y una extrema insonorización de las escenas.

Pepe: ¿Ese Pasaje lo diseñaste tú?

José: El plano de este Pasaje fue la última colaboración de Santi Sardá en la productora, antes de incorporarse a la dirección del parque Tibidabo.

Pepe: Pienso que fue un gran recurso poner las rampas que te meten y te sacan del canal. ¿Fue idea tuya?

José: En el plano original no se le dio demasiada importancia. Tras dos años, nos dimos cuenta de que se le podía sacar más partido e hicimos una reforma para rescatar más tramos de canal.

Pepe: ¿Qué cuadros había en ese primer Pasaje de Tivoli World?

José: Speach, Altar, Ataúdes, Morgue, Cementerio, Torturas (solo escenografía), Bruja,  Biblioteca, Poseída, Freddy 1 y 2, Mayordomo, Drácula, Frankenstein, Hombre Lobo y Motosierra.

Pepe: ¿Actualmente el Pasaje de Tivoli World lo gestiona Terror Fear Factory?

José: Terror Fear Factory asume la dirección artística y el asesoramiento operativo. La explotación es de Tivoli.

Pepe: ¿A qué crees que se debió el fracaso del Pasaje de Londres?

José: El producto que ofrecemos  no es apropiado para competir en la calle. No olvidemos que su duración no es suficiente como para convocar a un público que debe desplazarse ex profeso. Encaja muy bien en los parques, donde somos una oferta más en un lugar donde la gente ya acude a pasar horas disfrutando de diferentes opciones.

Pepe: ¿Algún Pasaje del Terror nuevo va a abrirse?

José: Hay constantes proyectos que necesitan ser estudiados detenidamente. Se mira mucho hacia otros continentes.

Pepe: Gracias, José, y ojalá sigas montando muchos más Pasajes… ¡Y nosotros que los veamos! Un saludo.

José: Gracias a ti Pepe, por tu dedicación al Pasaje del Terror y por la ilusión que transmites. Un saludo también para tus seguidores.

De izquierda a derecha: Manuel Panadero, José A. F. Navío, Pepe Illana y Eric Palau.

De izquierda a derecha: Manuel Panadero, José Ángel Fernández Navío, Pepe Illana y Eric Palau.

 

Los Pasajes de Parquesur (Leganés) y el Balcón de Rosales (Madrid)

Jueves, octubre 3rd, 2013

Para quien no lo sepa, Parquesur es un centro comercial y de ocio que hay en Leganés (Madrid). Además, hubo un pequeño parque de atracciones, pero el Pasaje del Terror estaba en el pasillo que daba a este parque, aunque parece ser que en un principio la salida del pasaje daba directamente al parque de atracciones, pero luego se cambió y se puso a escasos metros de la entrada.

 

Yo voy a contar cómo era ese pasaje cuando trabajé allí, desde marzo a septiembre de 1993:

 

La fachada era como de un castillo de cuento tenebroso, con un portón grande de dos hojas de madera. Había un pequeño organizador de cola portátil, que eran unos postes metálicos negros y unas sogas. La taquilla estaba aparte. Junto al portón de madera estaba el portero, que iba vestido de enterrador, con capa y chistera, más o menos como el del Viejo Caserón de Madrid. Cortaba las entradas y daba las normas que todos conocemos.

 

Entonces pasabas a una antesala iluminada por la luz que entraba de la calle, pues el portón estaba abierto de par en par, y ahí veías unas ventanas de estilo mudéjar, con unas celosías de madera por donde los actores, desde el pulmón interior, podían ver a la gente que entraba. También había una fuentecita mural con agua, que imagino que tendría una bomba como las que se ponen en los belenes de navidad, pero en grande.

 

De ahí ya pasabas a un viejo callejón (este pasaje se subtitulaba “una visita sin límites, al viejo callejón”; en Madrid era “al viejo caserón” y en Málaga “a las cuevas del río misterioso”, por la antigua atracción que había anteriormente). En el callejón había viejas ventanas desde las que colgaba ropa, como de haberla tendido para que se secara. Los techos de este local eran muy altos, así que quedaba muy real. Al final, estaba la clásica puerta donde la gente tenía que llamar.

 

Abría un monje (en 1993 era Jorge Agrafojo, un argentino ya de cierta edad, que tenía una voz espectacularmente tenebrosa). En la sala había un altar con calaveras y retratos en la pared, algunos con elementos en relieve (uno tenía la mano sobresaliendo del retrato). Daba la charla como siempre y salías por la reja de siempre.

 

Había un pequeño zigzag en negro antes de entrar a la habitación de los ataúdes. Recuerdo muchos ataúdes, montados unos sobre otros sobre una estructura de madera, a modo de literas de muerte. Recuerdo en especial un ataúd que era pequeño, como de un niño. Uno de los ataúdes tenía la tapadera abierta, con unas bisagras y un cable de acero que la sujetaba y se perdía por un agujero en la pared. Detrás, al otro lado de la pared, o sea, en el pulmón de actores, el cable estaba atado a una pequeña barra metálica en posición horizontal, frenada por dos tornillos que sobresalían de la pared. Esto estaba a la altura del vientre del actor, porque había otro agujerito a la altura de los ojos, para mirar y soltar el cable, cuando pasaba el grupo por entre los ataúdes.

 

Ese actor se iba justamente a la pared de enfrente, en ese pulmón, y se preparaba para hacer el nicho, porque el grupo entraba en el cementerio, donde veían de frente un suelo inclinado y lleno de lápidas. Creo que, originalmente, el actor que hacía el zombi de la pala debía salir del interior de una tumba en el suelo, pero en 1993 eso ya no se hacía, sino que salías de una cortina que daba a otro pulmón. Ibas arrastrando la pala, tranquilamente, sin volverte loco… la gente te veía venir y, cuando levantabas la palaba, en actitud amenazante (que ni siquiera golpeabas el suelo con fuerza, sino que la dejabas caer con su propio peso), reculaban hacia la pared de nichos, donde esperaba el otro actor para dar su impacto. Delante de los nichos se suele poner una valla para que la tapadera no le dé a la gente al abrirse, pero aquí era muy baja y lo que pasaba a veces es que el grupo, al recular, caía entre la valla y los nichos. En alguna ocasión he visto, haciendo el zombi de la pala, cómo mi compañero golpeaba la cabeza de alguien al abrir el nicho. Pero afortunadamente no llegaba la sangre al río… En el cementerio, recuerdo también una gran gárgola sobre un poyete alto.

 

Entre el cementerio y la cripta había un corto túnel oscuro donde estaba el perro, que se activaba con una célula fotoeléctrica. Entonces entrabas en la cripta y había 3 ataúdes cerrados, sobre 3 poyetes o tarimas. Como en los ataúdes de antes no pasaba nada; sólo el ruido al caer la tapa, te confiabas, pero aquí sí pasaba… El zombi de la pala se había metido en un pulmón que daba a esta cripta, se había agachado y se había colado dentro de uno de estos poyetes o tarimas que pegaban a la pared. El ataúd no tenía fondo, así que el actor introducía medio cuerpo y abría la tapa (media tapa en realidad) golpeando la pared e intentando agarrar al público. Luego la cerraba de nuevo con ruido. Todo esto en pocos segundos. Creo que se encendía una luz automáticamente al abrir la tapa, como en los frigoríficos que tenéis en casa.

 

Después estaba la bruja, en una cueva, encima de un entarimado de madera y junto a un caldero que se calentaba (supuestamente) sobre un fuego ficticio. La bruja recibía un haz de luz en la cara (el actor no veía un pimiento. Lo sé por experiencia), en este pasaje no se mecía, sino que estaba estática como un muñeco, y cuando pasaba el grupo daba un bastonazo sobre la tarima hueca, se levantaba y no decía nada ni actuaba con violencia. Sólo se limitaba a golpear el bastón rítmicamente contra el suelo, mientras se acercaba y caminaba unos metros junto al grupo. Parece tonto, pero asustaba mucho.

 

Luego entrabas en un pasillo, largo y muy oscuro, con celdas. Ahí sólo había ruido al mover las rejas, que parecía que se iban a desencajar, y si acaso veías la mano del actor, si la sacaba desde dentro del pulmón. Al final del pasillo, girabas a la izquierda 180º y, en ese recodo, había una celda iluminada, con un esqueleto dentro. Como la gente creía que el esqueleto iba a moverse o iba a pasar algo, se pegaban al lado contrario, donde el mismo actor de antes daba otro impacto en otra celda. Esta última celda estaba preparada para iluminar fugazmente al actor, pero en 1993 se ve que habían reducido plantilla y entonces éste era el mismo actor que soltaba la tapa del ataúd y salía por el nicho. Entonces, como ya habían visto la máscara en el cementerio, no encendía la luz en las celdas y sólo hacía el ruido y sacaba las manos para intentar atrapar a alguien. Creo que aún había algunas celdas más (todas daban al mismo pulmón) en el pasillo que había tras girar 180º.

 

En este pasaje no había mayordomo, sino que entrabas directamente a Drácula, donde sucedía más o menos como en todos los pasajes, excepto que aquí no había segundo impacto.

 

La salida de arrepentidos aquí era una pinacoteca, donde al entrar el grupo se descolgaba una lámpara de araña hasta cerca de las cabezas de la gente. Había una chimenea y varios retratos muy lúgubres. Había un acceso camuflado, que daba al camerino y al parque de atracciones, una salida secreta, tapada con una estantería llena de libros de cartón-piedra muy chulos, y una cortina negra normal. Pues claro, la gente se iba a la cortina y, justamente cuando el primero del grupo iba a abrirla, se topaba con un monje que les hacía retroceder y les daba la opción de abandonar. Los que no se iban, continuaban por la estantería de libros, que el monje empujaba, porque en realidad era una puerta corredera que dejaba al descubierto una entrada a un pasillo oscuro.

 

Tras ese pasillo negro, entrabas a la habitación de la poseída. Yo digo posesa, pero bueno, los madrileños decían poseída :) Es el único cuadro que yo he visto, en un Pasaje del Terror, que la cama no tiene que ser bordeada por el grupo, sino que estaba pegada a la pared, con lo cual el impacto no era muy vistoso. La ventana estaba sobre el cabecero, lo cual también era extraño…

 

En este pasaje siempre había un pasillo negro y oscuro, a modo de tránsito, entre una escena y otra. Ahora venía la morgue o depósito de cadáveres donde, al igual que en la Ruta del Terror, había unos maniquíes metidos en bolsas de plástico traslúcidas que colgaban del techo, en unos raíles con un mecanismo. Al entrar el grupo, se apagaba la luz, se movían los cadáveres y el actor que hacía de poseída daba un impacto al abrir una de las neveras de la pared, parecido al nicho del cementerio.

 

Después de esto, ya desde la salida de la morgue (aquí no había pasillo de transición, porque ya era casi el final y aumentaba la frecuencia e intensidad de los impactos) se veía la transformación de Freddy (que, por cierto, cuando entré a trabajar se había roto el cristal y no había efecto. Me dio una rabia… Luego lo arreglaron). A la izquierda había una caldera de la que saltaban chispas (recuerdo que más de una vez se atascaba y tenía que llamar a Pablo Camuñas para que la arreglase, porque entonces teníamos una red de interfonos en cada cuadro). Entonces el público veía la transformación, Freddy saltaba hacia ellos, huían, él se metía en su pulmón, desde donde activaba el flash para hacer la sombra y pasar las cuchillas por la uralita traslúcida (nunca perdonaré que el guante fuera de plástico y tan malo) y salía nuevamente, por sorpresa, a través de una cortina… No, no había persiana :(

 

Tras un breve zigzag oscuro, llegaban al cuadro de Franky, que estaba en semioscuridad. El actor, dentro de la jaula, encendía una luz tenue y empezaba a zarandear la jaula, cuyos barrotes estaban trucados para que hicieran ruido, al igual que las celdas. La jaula era alargada y el monstruo iba caminando tras las rejas, a la vez que el público, hasta que llegaba al final y arrancaba de cuajo dos barrotes, los tiraba al suelo y se escapaba fuera de la jaula.

 

Ya casi llegando al final del recorrido, había otro pequeño zigzag oscuro, esta vez subiendo una pequeña rampa de madera, y cruzaban el puente colgante, a la luz de la luna (ficticia) y escuchando los típicos grillos. Allí les esperaba el personaje que todos conocemos, mezcla entre Jason y Leatherface. También encendía una luz un poco más potente, para que se le viera bien. Yo me estrené en el pasaje con este personaje. Le puse tanto empeño, que mis gritos se escuchaban desde la calle y el encargado tuvo que decirme que me lo tomara con más calma, porque yo no iba a durar nada… Además, la verdad es que con el sonido de la motosierra era suficiente.

 

Al salir del puente giraban unos 90º a la izquierda y, justamente antes de empujar y abrir la puerta que daba al centro comercial, había un segundo impacto del motosierra que nadie se esperaba.

 

Como dije antes, al principio la salida daba al parque de atracciones y creo que estaba allí el motosierra, después del puente, mientras que en éste estaba el hombre-lobo, que se descolgaba desde la parte alta de la estructura. Me parece recordar incluso unos peldaños de madera para subir. Vestigios misteriosos…

 

Y así era el pasaje donde me estrené en 1993. Durante los 6 meses que estuve allí, hice todos los personajes, excepto el portero y los monjes, porque había unos actores fijos que lo hacían bastante bien y sospecho que cobraban más…

 

 

Tras un breve descanso, entré a trabajar en la Ruta del Terror, de los creadores del Pasaje del Terror, en el Balcón de Rosales (Madrid).

 

Así era la Ruta del Terror cuando yo trabajé allí, en octubre de 1993:

 

Al principio, un  bobby (policía inglés) te daba las normas en un viejo y estrecho callejón. A continuación nombraba un guía, le pedía que llamara tres veces a la puerta que había al fondo y le daba la contraseña que tenía que responder cuando le preguntaran: “uno de nosotros”. Efectivamente, al llamar a la puerta, alguien abría un ventanuco desde el otro lado, preguntaba “¿quién os envía?”, el guía respondía la contraseña y el personaje misterioso, desde la oscuridad que había tras el ventanuco, pedía que se acercara… más… más… entonces, cuando el guía estaba suficientemente cerca, el personaje le cerraba el ventanuco de un golpe, casi literalmente en las narices. No le daba porque había una malla metálica por medio.

 

La puerta se abría, el personaje había desaparecido en la oscuridad (por una cortina tras la puerta), el grupo entraba, hacía un zigzag por un oscuro pasillo y llegaba hasta una habitación de paredes rojas, cortinajes de terciopelo y pájaros disecados. Allí estaba el personaje que había abierto la puerta, sentado en un sillón, vestido de etiqueta, luz cenital al rostro demacrado y bastón en su mano derecha. Decía algo así como: “Acercaos. No estáis aquí por casualidad. Todos habéis sido convocados para saldar una deuda pendiente…” Tras decir eso, daba un bastonazo sobre una chapa y se levantaba bruscamente, señalando al grupo y elevando el volumen de la voz: “¡Uno de vosotros ha roto el pacto con el maligno y merece ser castigado. La ira de nuestro señor no tiene límites! Contemplaos, porque quizá sea la última vez que os veáis con vida.” En el suelo había un pulsador que, al pisarlo el actor, hacía que se separaran automáticamente los ladrillos de la pared que había a su izquierda, dejando abierto un hueco por donde el grupo habría de proseguir su camino. Este cuadro era conocido como “El Corazón del Ángel”, por estar inspirado en la película del mismo nombre.

 

Luego el grupo se adentraba en la zona de las mazmorras, donde un actor iba haciendo ruido por diferentes rejas que se comunicaban por un pulmón. Era un recorrido largo, con varias celdas y un cuarto de torturas. Al final, veías una reja de frente, girabas a la izquierda, pendiente esta celda, y te llevabas el impacto en otra reja a tu espalda.

 

Un poco más adelante, salías a una sala amplia, donde cruzabas una especie de pasarela con firme irregular, de rejilla metálica, y de repente se abría debajo de la pasarela un foso circular que podría tener al menos unos 3 metros de diámetro, con ruido como de un trueno o una explosión, mucho humo y luz roja debajo. Parecía como si bajo los pies del público hubiera un volcán en erupción. En este cuadro es donde al principio estaba Fumanchú, que luego lo quitaron y dejaron solo este efecto.

 

Tras cruzar el foso, subías una escalera larga y recta hasta la segunda planta. Era bastante ancha, lo que permitía que estuviera dividida en dos partes: una para el público y otra para los actores, es decir, que había un pulmón en la escalera. Estaba tematizada como una pirámide egipcia. Tras el último peldaño, continuaba un poco el pasillo, girabas a la derecha y entrabas en la habitación de la momia. Había un sarcófago tumbado que te obligaba a rodearlo (como sucede con la cama de la poseída en el Pasaje del Terror clásico) y varios sarcófagos más, de pie, en las paredes. Realmente el público no sabía de dónde iba a salir la momia. El actor estaba de pie dentro de uno de ellos. En realidad, los sarcófagos que estaban de pie eran puertas correderas que se abrían automáticamente y se cerraban al cabo de unos segundos, cuando el actor le daba al pulsador, a la vez que sonaban como unas grandes losas de piedra moviéndose. Dentro de cada sarcófago había una momia. Todas eran muñecos menos una, evidentemente. Entonces el actor salía (en este caso era yo), hacía como que quería atraparlos y se le escapaban. Pero al salir de las momias, entraban en un pasillo oscuro y el actor, que se había metido por un pulmoncito, daba otro impacto dejando caer una chapa que dejaba abierto un hueco por donde daba un último susto.

 

Luego entraban en el laboratorio. Unas estanterías con frascos, probetas y demás objetos típicos de un laboratorio, te obligaban a hacer un zigzag y a permanecer demasiado tiempo en la habitación. Una cabeza humana, dentro de un frasco con formol, soltaba burbujas por la boca y una lámpara se balanceaba en el techo, impulsada por un chorrito de aire comprimido. Entonces veías un “pepper’s ghost” que consistía en un maniquí sentado (Dr. Jekyll), metiéndose un chute y girando la cabeza. Luego cambiaba la imagen y ya veías al actor, transformado en Mr. Hyde, que saltaba de la cabina al público, jeringa en mano. Luego desaparecía de nuevo por la cabina y volvía a pillar al grupo antes de entrar en el siguiente cuadro.

 

En la morgue había varios maniquíes colgando del techo, dentro de bolsas de plástico traslúcido. En las paredes había neveras con cadáveres dentro, que podían verse a través del cristal helado. Otras neveras eran opacas. Había mucha luz; una luz azul fría, pero al entrar el grupo se apagaba, quedaba otra muy tenue y los cadáveres colgantes empezaban a moverse por los carriles que había en el techo. Antes de salir del cuadro, un cadáver abría una de las neveras opacas, como los nichos del cementerio clásico, y daba un impacto.

 

Ahora el grupo entraba en una habitación similar a la del principio, pero con retratos y una chimenea sobre la que había una pintura que movía los ojos. De una cortina salía un personaje parecido al que estaba abajo (por cierto, era el mismo actor que acababa de hacer el impacto de la nevera) y decía algo así como “En este infierno aún queda sitio para la piedad. Si alguien quiere abandonar, ésta es la última oportunidad que tiene”. Ahí, el que quería abandonar salía por la cortina y el resto del grupo entraba por un retrato que se abría automáticamente, a modo de puerta corredera.

 

El siguiente cuadro, en un principio, era el cuarto de los juguetes, donde todos ellos cobraban vida al entrar el público y donde creo que estaba el muñeco diabólico, pero cuando yo trabajé allí lo habían sustituido por un montón de ataúdes, uno de los cuales tenía la tapadera abierta y caía al pasar el público. Luego salía un enterrador de detrás de una cortina, golpeando con la pala en el suelo. Estaba en el lado opuesto a donde caía la tapa, por lo que el público se acercaba a él tras el primer impacto del ataúd, pero antes de recibir el susto del golpe de la pala.

 

Después entrabas en un dormitorio en el que había un televisor antiguo encendido y con niebla, como en la película “Poltergeist”. Al bordear la cama, que estaba vacía, se marcaba un cuerpo bajo las sábanas (era un muñeco que salía de dentro de la cama) y se abría un armario, del que salía un monstruo. Este cuadro era totalmente mecánico.

 

A continuación entrabas en el pasillo de un manicomio. Las puertas tenían como ventanucos tras los que escuchabas risas y llantos. Daba bastante mal rollo. Entonces pasabas por dentro de una de las celdas, entre un loco-poseso y un cura. Primero te encontrabas al cura de frente y al loco no lo veías, pero de pronto pegaba un palmetazo en un metacrilato a tu izquierda y el susto era grande. Luego pasabas entre los dos. El cura estaba haciéndole un exorcismo, con su espalda pegada a la pared acolchada, y el loco, embutido en una camisa de fuerza, se resistía mientras le gritaba “¡vete al cielo con tu padre!”. En ese instante, el cura se elevaba hasta el techo, gracias a un mecanismo sobre el que estaba subido uno de sus pies. Creo que también la pierna estaba atada al elevador. El grupo huía por otro pasillo de puertas, pero el loco, que se había metido en un pulmón, los pillaba al final del pasillo, abriendo una de las puertas, de un golpe.

 

Ahora descendían de nuevo a la planta baja, por otra escalera recta y larga desde la que ya podía escucharse la clásica canción de las niñas saltando a la comba, en la película “Pesadilla en Elm Street”, aunque en un principio creo que allí estuvo el Fantasma de la Ópera. Al llegar abajo, el grupo giraba a la izquierda y se encontraba en un lugar lleno de chatarra, somieres, chapas, cadenas y ese tipo de cosas. De repente, Freddy abría una puerta de chapa, con mucho ruido, y asustaba al público desde una parte más elevada que ellos.

 

Tras un par de recodos, entrabas en una mansión con paredes rojas y apliques de luz antiguos en las paredes. De frente encontrabas una escalera que subía a la planta de arriba (otra diferente de las de antes. Había 3 escaleras en ese local) y a la izquierda de la escalera, continuaba el pasillo. Mientras se escuchaban los clásicos violines disonantes de la película “Psicosis”, veías como bajaba una vieja enlutada, sentada en una silla mecánica que se deslizaba por un carrilito que había en la pared de la escalera. Al llegar abajo, se paraba en seco y el actor se tambaleaba como si fuera un muñeco, pero en pocos segundos sacaba un cuchillo, se levantaba y se iba hacia la gente.

 

Huías por el pasillo que había a la izquierda de la escalera y entrabas en un bosque donde salía el hombre de la motosierra (personaje mezcla entre Jason y Leatherface).

 

Inmediatamente bordeabas una jaula donde estaba Hannibal Lecter, con su bozal, su mesa, su silla y sus recortes de periódicos y dibujos en las paredes. Se levantaba, arrancaba unos barrotes (como Franky en el Pasaje del Terror clásico) y se escapaba. Eso era el final. Abrías la puerta y salías fuera del pasaje.

 

 

Hay una secuencia rodada en este pasaje, en la película “Todos los hombres sois iguales”, que por cierto fue cuando yo estaba trabajando allí, aunque la momia (que era yo) finalmente no apareció en la película. Podéis ver la secuencia en el siguiente enlace de un amigo:

 

https://www.facebook.com/photo.php?v=10202044850424237&set=vb.177845555637244&type=2&theater

 

 

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Entrevista a Juan Luis Menor

Jueves, agosto 1st, 2013

Juan Luis Menor Pérez, aparte de ser una persona entrañable en su vida diaria, está aterrorizando a la gente desde 1989 (por exigencias del guión, eso sí). Es el actor que ha dado vida, durante 24 temporadas, al Drácula de “El Viejo Caserón” (antes “Pasaje del Terror”) del Parque de Atracciones de Madrid. Entre grupo y grupo me ha concedido esta entrevista:

(Pepe): Juanlu, no sé si puedo llegar a imaginar lo emocionante que debió ser el día de la inauguración. ¿Cómo lo recuerdas?

(Juanlu): Recuerdo el día de la inauguración con unos nervios impresionantes, maquilladísimos todos, corriendo como si fuéramos vedettes. En el camerino, todo era un “quítate, déjame, pásame…”. En cuanto Santiago Sardà dijo “venga, todo el mundo a sus puestos”, corrimos como locos en la oscuridad, porque entonces estaba muy oscuro. Lo que más nerviosos nos ponía era oír a la gente en la calle. Teníamos miles de personas haciendo cola, como algo grande, y eso nos ponía de los nervios. Nos sentíamos importantes y responsables de algo que tenía que salir muy bien. Entre Santiago y su mujer nos instruyeron a los 14 actores que éramos, con los maquillajes, el vestuario y los ensayos de los cuadros.

(Pepe): ¿Os citaban de uno en uno para ensayar en vuestro cuadro?

(Juanlu): Nos citaban a todos y veíamos los ensayos de todos, porque nos convenía ver para aprender. Estuvimos como dos meses ensayando, primero en el comedor, porque el caserón estaba en pleno montaje. Después, cuando ya estaba medio terminado, nos fuimos a ensayar al balcón, tanto maquillajes como los cuadros.

(Pepe): ¿Cómo te enteraste del puesto y cómo fue el casting?

(Juanlu): Me enteré del puesto por el boca a boca. Un compañero con el que trabajé en una compañía itinerante de teatro, me llamó preguntándome si estaba trabajando en algo. Yo entonces estaba esperando el comienzo de los ensayos de ” Los mundos de Yupy”. Me dijo que buscaban a un actor que hiciese de cura para un espectáculo de terror. Le dije que ya estaba comprometido y que no me interesaba. De todas formas me aconsejó que me presentase y que era bueno que me conocieran. Bueno, al final me presenté en las oficinas que  “Monsters & Monsters” tenía en la Gran Vía. Al abrirme la puerta alguien gritó, “¡es el cura, es el cura!….yo flipaba, se alegraron tanto, que no me dejaban explicarles que no podía ser, porque en breve comenzaba otro trabajo. Al llegar a casa me lo pensé, porque me pagaban lo mismo pero esto era en Madrid. Rápidamente les llamé y acepté el trabajo. No hice casting, además, la mayor parte eran chicas y venían de hacer doblaje.

(Pepe): Yo creía que fuiste Drácula desde el principio.

(Juanlu): No, yo siempre quise ser Drácula, pero nadie me escuchaba. Hasta que en una entrevista en la radio, a la que fuimos el actor que hacía de monje de entrada, Santiago Sardà y yo, el locutor en un momento en que preguntó por Drácula, mirándome, dijo: “¡pero si tengo al mismísimo Drácula delante mío!”. Sardà le contestó: “¡no, no, éste no es el actor que hace de Drácula! El Drácula no ha podido venir”. La verdad es que el actor, buen amigo mío aunque hace mucho que no le veo, que me perdone pero era gordito y bajito. Entonces el locutor insistió mucho en que me tenían que poner a mí, porque es que mi cara era muy angulosa. Y yo, por supuesto, no paraba de darle la razón a gritos al periodista.

(Pepe): ¿Tienes grabada esa entrevista en la radio?

(Juanlu): No, no tengo. En esos días no teníamos costumbre de grabar, porque era en directo.

(Pepe): Una pena. ¿A partir de esa entrevista ya te pusieron de Drácula?

(Juanlu): Sí, días después. La conversación sobre Drácula fue fuera de antena.

(Pepe): ¿Recuerdas cómo fue el primer grupo?

(Juanlu): Recuerdo que ya en el cuadro de “El Exorcista”, y al pie de la cama, mirando a los ojos a la que era mi compañera en los ensayos, sentí un miedo interior. Me dije: “Por Dios, ¿pero dónde me he metido? ¡Esto no tiene nada que ver con los ensayos en el comedor del parque de atracciones!”. Sentía verdadero pánico, quería irme a mi casa, olía a incienso que echaba para atrás. Y mientras escuchábamos ruidos, gritos, pasos….mi compañera no dejaba de mirarme a los ojos. Se reía de verme asustado. La cara de ella era como para echar a correr y no parar. Yo me prometí no volver, a partir del día siguiente. Lo recuerdo como si fuera ayer. Cuanto más se cercaba el primer grupo de mi vida, más me temblaban las piernas. Recuerdo que tenía un libro trucado, por mi gran amigo y mago Ignacio, por el que, en un momento dado, al activarlo, tendrían  que salir llamas. Ya teníamos al primer puñetero grupo encima. A la altura de mi pie derecho tenía un interruptor que, al pisarlo, movía la cama a mi antojo. Os podéis imaginar con qué nervios recibí al grupo… y para colmo tenía un dialogo larguísimo con la niña, que a mí ya me lo parecía, ya no era mi compañera, era algo endemoniado… Ya está el grupo aquí!!! Ya no hay marcha atrás. No hay más remedio que hacer posible lo que nos enseñó Fernando Quenard durante dos meses. Veo una primera cabeza asomándose en la entrada de la habitación. Mi sorpresa fue ver al mismísimo José Luis Perales encabezando el grupo. Empecé a activar la cama, con el libro abierto. Comenzamos  la  acción. Todo salió perfecto y divertido. El primer grupo se integró bien y cuando tuvieron que correr lo hicieron. En ese momento se me fueron todos los nervios del principio y esperaba con ansiedad al siguiente grupo. Teníamos un técnico que se pasaba de vez en cuando por los escenarios o cuadros supervisando que no hubiese problemas. Era mi buen amigo José Fernández Navío. Él era quien le ponía la gasolina al libro trucado.

(Pepe): ¿Nos cuentas los personajes y escenas que había en la inauguración?

(Juanlu): El primero de todos los personajes estaba situado en la calle. Era el que todos sabemos, el llamado “speach”. Pantalón negro, camisa azul con ribetes y corbata negra. Daba más o menos las mismas normas que todos los “speach” que ha habido hasta hoy.

(Juanlu): El siguiente personaje era el monje de la entrada, que a la tercera llamada del grupo, abría la puerta al grito de “¡Ya va!”. Una vez dentro, el mismo monje pasaba por una cortina blanca sin que el grupo lo viera y hacía el efecto de ser otro monje más erguido, porque al abrir la puerta lo hacía encorvado y con otra voz, diciendo “Pasad, pasad y esperad frente al altar”.

(Pepe): ¿Era Jorge Agrafojo?

(Juanlu): No, el pasaje se inauguró el 15 de julio de 1989. Jorge llegó el 12 de octubre de ese mismo año y estuvo hasta 1995.

(Juanlu): Al terminar de dar la charla que todos conocemos, abría una verja por donde el grupo continuaría; un pasillo oscuro iluminado sólo desde debajo de la madera del suelo. Del techo se suspendían una especie de hilos que rozaban las cabezas del público. En el pasillo, además, había un ataúd que se cerraba de golpe.

(Juanlu): Al final del pasillo, y al girar a la derecha, había una camilla de la que se levantaba un zombi y que volvía a salir por entre las lápidas, que se encontraban en un cementerio repleto de ellas. Tenía hasta tierra de verdad. El zombi hacía que el grupo se fuera hacia la derecha, donde había una pared de nichos. Dos de ellos se abrían. Después del primero, lo hacía otro al final del pasillo del cementerio. Entre todos estos impactos, por el techo volaba un enorme murciélago, haciendo un aleteo real, y había truenos y relámpagos.

(Juanlu): A la salida del cementerio, se encontraba un monje que les hacía dirigirse con cuidado hacia una escalera que bajaba. El monje se movía por esa zona también, para procurar que los grupos no se juntaran.

(Juanlu): Al final de la escalera, y girando hacia la izquierda, comenzaba otro pasillo. Este era inclinado hacia la derecha y oscuro, de forma que el grupo no sabía lo que pasaba bajo sus pies.

(Juanlu): Al fondo del pasillo se vislumbraba la figura de una vieja meciéndose en una mecedora, junto a una chimenea encendida (nota de Pepe Illana: conociendo el caserón como lo conozco, esa chimenea debía ser la que existe realmente y que en la actualidad está oculta tras la pared de nichos). La cara se le veía intermitentemente, cuando en su balanceo atravesaba el tenue haz de luz. Al acercarse el grupo, la anciana se levantaba con mucha energía, a la vez que golpeaba fuertemente su bastón en una chapa, lo que provocaba que el grupo huyera a toda velocidad.

(Juanlu): Donde ahora está la salida de arrepentidos (entonces no había), estaba la habitación de “El Exorcista”. Casi llegando el grupo a esta escena, había un retrato en la pared. Al pasar el grupo por delante, el marco se quedaba en su sitio, pero el retrato, que estaba sobre una estructura de hierro, se descolgaba por la pared, dando abajo en un tope y haciendo mucho ruido. Entonces se asomaba de nuevo la vieja. Finalmente, al entrar el grupo en la habitación de la poseída, el cura comenzaba a rezar en latín, a la vez que se movían insistentemente la cama, el cajón de la mesita y el armario. En ese momento, el cura preguntaba si ella había originado esos movimientos y le pedía que los repitiera. Bueno, la misma escena de la película. Por último llegaba el efecto de la Biblia, de la que salían llamas reales. Era cuando el cura les gritaba “¡salid pronto de la habitación, rápido!”. Bueno, al principio de todo, el cura le pedía ayuda al grupo a la vez que rezaba con energía, libro en mano.

(Juanlu): Después de que el grupo saliera de “El Exorcista”, el mismo cura accionaba una llave que coincidía con la parte de atrás de Freddy. Estaba en una de las paredes de la habitación. Esa llave accionaba una botella de aire comprimido que soplaba sobre las cabezas del grupo, ya en el cuadro de este personaje. Primero a la izquierda del grupo, estaba la sombra de Freddy, donde la actriz (que había sido azafata de congresos, actriz de doblaje y guapísima a la par que simpática) movía la garra y todo su cuerpo mientras el grupo caminaba. En un momento dado, levantaba una persiana metálica, se cruzaba con ellos y pasaba al otro lado, donde tenía la transformación.

(Pepe): ¿Aún no estaba el segundo Freddy; el del carrito?

(Juanlu): No. Fue en 1991 cuando se puso la sombra y la persiana a la derecha del grupo, justamente antes de la transformación. Luego giraban a la izquierda, hacia el mayordomo, y ahí se puso el carrito de Freddy, que lo hacía otro actor.

(Juanlu): Recuerdo que una vez me quedé sin voz en “El Exorcista” y Santiago Sardá me dijo que me pusiera de Freddy, pero no podía ser, porque la chica que hacía de Freddy no podía hacer de cura.

(Juanlu): Bueno, pues después de Freddy, aparecía al fondo el mayordomo, invitando, con gestos de la mano, a que el grupo se acercara. En la otra mano llevaba un candil alumbrado solo su cara. Cuando el grupo ya estaba cerca, él salía por otro lado que nadie esperaba, asustando inevitablemente, pues lo que habían visto era solo su imagen en un espejo.

(Pepe): ¿Era ya Marcial Iglesias el mayordomo?

(Juanlu): No, Marcial llegó un mes más tarde de la inauguración y estuvo hasta 2006.

(Juanlu): El mayordomo decía: “¡¡¡Silencio!!! Son las doce de la noche y mi  amo duerme. Pasad y no le despertéis.” Al pasar, descendían por una pequeña rampa. En el techo de ese mismo pasillo, pendía una lámpara de araña vieja y antigua que el mismo mayordomo accionaba para que cayera casi sobre las cabezas del grupo.

(Pepe): ¿Era una entrada secreta oculta tras una librería o aún no?

(Juanlu): No, la entrada secreta creo que se hizo en 1991.

(Juanlu): El cuadro de Drácula solo tenía un ataúd encima de una tarima, que estaba a la derecha del grupo, y otra tarima vacía a la izquierda. Bueno, pues cuando Drácula ya tenía al grupo encima, por cierto que el cuadro estaba a oscuras, encendía una luz que iluminaba solo su cara. El interruptor lo tenía dentro del ataúd, a la altura de su mano izquierda. Drácula comenzaba tumbado, jugando con la luz, y en el momento en que veía que ya los tenía a punto, encendía la luz a la vez que se levantaba con mucha rigidez y energía. Se ponía de pie y saltaba entre el grupo a la tarima de enfrente. Se metía después en una especie de ventanuco largo, pero después volvía a salir tras una cortina negra al final del cuadro.

(Pepe): Yo también he saltado entre esas tarimas, cuando trabajé en “El Viejo Caserón”, y la verdad es que da miedo, porque están demasiado separadas. Una vez incluso me caí.

(Juanlu): Sí, al principio, cada vez que tenía que saltar me entraban los siete males; un miedo atroz, je, je, je. Me caí encima de la gente tres o cuatro veces, sufrí dos esguinces y una brecha en la ceja izquierda, amén de cientos de golpes contra alguna de las lámparas. Todo eso solo en Drácula y en 24 años.

(Juanlu): Bueno, pues después de Drácula, ya el grupo se dirigía a la celda de Frankenstein. Ya en ese cuadro, se le podía ver a Franky tras los barrotes intentando salir en el momento en que veía que tenía encima al grupo. En ese momento arrancaba la puerta, la colocaba en un lado y salía, con los brazos por delante, tras el grupo. Salían todos despavoridos.

(Juanlu): Y ya llegamos al final, el puente, que estaba construido rodeado de mucha vegetación y se movía al pasar la gente por encima. Cuando todo el grupo ya estaba pisándolo, aparecía el hombre lobo por la parte derecha del puente. La actriz que hacía de hombre lobo llevaba máscara y guantes en forma de garras. Se deslizaba por el lado de fuera del puente e iba agarrada a la cuerda de la parte de arriba, desde donde lo movía, con tal fuerza, que el grupo llegaba al final zarandeándose.

(Juanlu): Cuando el grupo entero llegaba casi al final del puente, un monje, que ya era el último personaje, golpeaba un gong con todas sus fuerzas. Ese sonido ensordecía al grupo de tal forma que les hacía frenar ya en la puerta de salida. El mismo monje, que era otra chica por cierto, les recibía rápidamente y, para terminar, les decía: “Habéis estado en la antesala del miedo. Ahora conoceréis el verdadero terror. Detrás de esta puerta os esperan…” En ese momento abría la puerta y el grupo salía exhausto y confundido por lo que el monje les había dicho.

(Pepe): La dentadura de Drácula te la hicieron a medida, ¿verdad? Cuéntanos algunas curiosidades más y anécdotas que recuerdes.

(Juanlu): He tenido muchas dentaduras de Drácula y todas han sido hechas a mi medida por protésicos dentales. Muchas fueron las veces que se me cayeron los colmillos trabajando. Una vez fue a caer encima de la cabeza de  una mujer de color que llevaba un pelo con mucha base. No hablaba mi idioma y cuanto más corría yo detrás de ella para recuperar mis colmillos, más corría ella, pues no me entendía lo que yo le decía. Pero no iba sola, le acompañaba un tío negro como un armario que empezó a perseguirme a mí. Pensó que quería hacerle algo. Yo cuando le ví que corría tras de mí, empezé a correr hacia el mayordomo pidiendo auxilio. Creí que me mataba. Supongo que cuando llegara a su casa, encontraría los colmillos en su cabeza y entendería toda la situación. Pero no vino a pedirme perdón, en su idioma claro… Se quedaría con mis colmillos de recuerdo.

(Juanlu): Una vez se desmayó una señora que debía de pesar más de 100 kilos y no podíamos moverla entre el mayordomo y yo, por lo menos dejarla a un lado hasta que viniera alguien a por ella, pero los grupos tuvieron que pasar por encima. Pensaban que formaba parte del espectáculo. Tuvimos que parar de meter grupos, porque ni entre cinco pudimos con ella. Hasta que volvió en sí, gracias a Dios.

(Juanlu): En otra ocasión entró una mujer sola con su hijo, que debía de tener como cinco años y, cuando ya iban casi llegando a Drácula, la mujer comenzó a llorar desconsoladamente. El niño tenía más miedo que su madre, pero en un momento dado, el chaval empezó a calmar a su madre diciéndole “¡mamá no llores, que son muñecos, no llores, por favor, mamá…!” Entonces no había puerta de arrepentidos y el caso es que ya no podían más y yo mismo les invité a salir por la puerta de emergencia de Drácula. Se me pone la carne de gallina cada vez que lo recuerdo. Me partía el alma el coraje del niño.

(Juanlu): Otra vez, recuerdo que al pasar un grupo empezé a sentirme mal y no podía respirar. Cada vez menos. Sentía que me moría. Caí al suelo, suerte que no venían grupos. Me fui arrastrando hacia el mayordomo y vi que también él estaba en el suelo. Nos ahogábamos como cucarachas. No podíamos articular palabra, pero poco a poco nos fuimos reponiendo. Estábamos convencidos de que nos habían envenenado con alguna clase de polvo. En realidad resultaron ser polvos picapica en grandes cantidades. El susto no nos lo quitó nadie.

(Juanlu): Otro día, estando en el ataúd tumbado y esperando al grupo, que no llegaba nunca, me quedé dormido y entraron tan silenciosos…porque el mayordomo solía terminar diciendo “…y no despertéis a mi amo, por vuestro bien”…y tanto que le hicieron caso. No me despertaron ni los tres siguientes grupos.

(Juanlu): También otra vez, un señor que iba el último y algo separado, me tiró una tarjeta de visita y echó a correr, me la quería dar en mano pero me miró aterrado y corrió. La tarjeta decía: “Empresa frabricante de ataúdes a medida”.

(Pepe): ¿Qué actores populares han trabajado en el “Pasaje del Terror”? Creo que Javier Cámara y Santiago Segura entre otros…

(Juanlu): Javier Cámara, que yo sepa, nunca trabajó en ningún pasaje, pero sí Santiago Segura y Ernesto Alterio, así como Paco Marín.

(Pepe): Paco Marín fue compañero mío en el “Pasaje del Terror” de Parquesur.

(Juanlu): Y actores que después trabajaron como buenos secundarios en todos los medios. Tomás del Estal es uno de ellos. También el chaval morenito que hacía el papel de Pancho en “Verano Azul”, que no ahora no recuerdo su nombre.

(Pepe): ¿Qué visitantes ilustres han transitado por el oscuro laberinto del “Pasaje del Terror”?

(Juanlu): La cantante Sade, Tim Burton, pero éste solo estuvo en “El viejo Caserón” para las fotos de la promoción de una de sus películas. Por cierto, para las fotos eligió el escenario de Drácula. También recuerdo a Loles León, Paco de Lucía, Paul Naschy, Chicho Ibáñez Serrador, que le gustó tanto que nos llevó al 1,2,3, responda otra vez. Fuimos al programa dos veces. Pasaron por el pasaje Isabel Pantoja y María del Monte, las dos solas. Recuerdo a Paquirrín, Rosario Flores, Antonio Flores, Tony Isbert, Sofía Mazagatos, Iker Jiménez, Carmen Porter, Mercedes Vecino, las hermanas Valverde, las hermanas Hurtado, Verónica Forqué, Romay, Inés Ballester, Ariadna Gil, Belén Rueda (asidua), Penélope Cruz, Jorge Perugorría, Rody Aragón , Juan Carlos Naya, los Príncipes De Hohenlohe y sus hijos, Alaska y Vaquerizo, Álex de la Iglesia, Conchita Bautista, Josema Yuste, Bimba Bosé, los tres hijos de Rocío Durcal, cuando eran pequeños… cientos…

(Pepe): He leído por ahí que, en una ocasión, estuvo Robert Englund.

(Juanlu): No, Robert  Englund  no vino al final, porque no llegaron a un acuerdo económico con el parque de atracciones.

(Pepe): Yo recuerdo, cuando trabajé con vosotros, en 2006, a Manu Tenorio, Agustín Jiménez y los chavales de los Serrano.

(Juanlu): Sí, también, hay que hacer memoria… y los chicos de “Al salir de clase”.

(Pepe): ¿Cómo se siente uno después de haber actuado delante de miles y miles de personas? Digo miles, pero tal vez debería decir millones…

(Juanlu): Pues no sé, actuar en la oscuridad  es como  jugar al escondite con gente a la que no conoces de nada, porque además cada persona de cada grupo es diferente a la hora de asustar y eso resulta siempre muy divertido. Todo el mundo siente algo, incluso aquéllos que parecen pasivos, que ni pestañean o ríen, que bromean y vacilan al actor… Con el tiempo me he dado cuenta de que sí sienten miedo.

(Pepe): ¿Cómo te has sentido siendo Drácula tanto tiempo y ahora que han quitado ese personaje?

(Juanlu): Bueno, pues siendo Drácula me he sentido un poco agobiado, pues era siempre el único solicitado por todo y para todo: entrevista en tv, ahí me llamaban a mí; grabaciones en “El Viejo Caserón”, otra vez a mí; fotos con famosos, conmigo, preguntaban siempre por el Drácula…pues la verdad, me agobiaba bastante. Pero me apenó que lo quitaran. Al final le cogí cariño al cuadro. Lo sentía muy mío. Me sentía como en mi casa. Me costó asimilar el hecho de que no lo haría más, pero con la esperanza de que alguien recapacitara y volviéramos a estar juntos otra vez Drácula y yo, simbólicamente, en nuestra casa. Es como una relación de pareja, el mismo trauma. Ahora lo añoro, pero ya me he acoplado bien a otros personajes que ahora hago y que me encantan.

(Juanlu): También ahora hago más vida social con mis compañeros, porque antes me encerraba demasiado en mi ataúd, que era como el salón de mi casa. Ahí leí cientos de libros, vi cientos de películas y recibía a todo el mundo para charlar y eso me encantaba. Solo veía a mis compañeros ahí, porque llegaba el primero y me iba el último. Ellos siempre me decían que no me integraba y yo siempre supe que tenían razón. También cuando salía para algo, al volver, muchas veces me encontraba a alguien dentro intentando asustarme y lo conseguían, pero lo que no me hacía ninguna gracia era que usurparan mi lugar. Sentía celos.

(Juanlu): Tengo que decir que los peores momentos que he pasado, y seguiré pasando, son cuando los compañeros, a los que cogía cariño, se tenían que marchar por fin de contrato u otras causas. Por eso me sigue haciendo muchísima ilusión cuando recibimos la visita de muchos de ellos. Eso me llena de orgullo, pues siempre preguntan por mí. ¡Eso no tiene precio!

(Pepe): Muchas gracias, Juanlu, por este pedazo de testimonio tan interesante y divertido a la vez. Espero que sigas mucho tiempo trabajando en lo que te gusta. Seguimos en contacto. ¡Un fuerte abrazo!

(Juanlu): Gracias a ti, Pepe, por haber hecho que recuerde una época maravillosa llena de muchos momentos más buenos que malos. Un abrazo.

 

Juan Luis, con Karlos Arquiñano, en el programa de tve "Hola Raffaella".

Juan Luis Menor, con Karlos Arquiñano, en el programa de tve1 “Hola Raffaella”.

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Entrevista a Ignacio Brieva

Viernes, julio 19th, 2013

Como muchos ya sabéis, llevo más de 20 años admirando el “Pasaje del Terror” y recopilando datos y documentos sobre este maravilloso espectáculo. El 30 de junio de 2013 tuve el honor de entrevistarme con Ignacio Brieva, que fue quien dio forma a la idea que tuvo Fernando Quenard. Pero lo hizo de un modo tan inteligente y con tanta psicología, que convirtió el “Pasaje del Terror” en un éxito mundial. Es un hombre cercano, simpático, amable y, para mí, un ejemplo a seguir. Gracias, amigo, por ser como eres y por dejarnos esa gran creación.

A continuación os muestro lo que me contó Ignacio Brieva. Con su permiso, grabé la conversación y, como fue muy extensa y desordenada, porque nos íbamos de un tema a otro y luego regresábamos, lo transcribí luego todo en casa y lo dividí en capítulos. Después he añadido fotografías de Internet que yo tenía archivadas (y alguna más que he buscado ahora). Espero no haber cometido ningún error en la transcripción, que lo disfrutéis, que comentéis y que aportéis más datos, si es posible:

EL TORREÓN DEL MONJE

Mar del Plata es una ciudad argentina donde veranean la mayoría de los bonaerenses. En verano, casi todas las actividades lúdicas y culturales se van allí. En el verano de 1986, hubo allí una convención empresarial en la que querían hacer algo que transmitiera emociones fuera de lo normal, algo con lo que la gente reaccionara y vibrara. Hicieron el encargo a Fernando Quenard y éste pensó que la emoción más intensa que sentimos los seres humanos es el miedo porque, desde nuestros ancestros, ha sido una herramienta básica para la supervivencia. Anteriormente él había visto, en un parque de atracciones, “Los Laberintos del Terror”, una atracción que funcionaba con animatronics (muñecos mecánicos) y dos actores que se paseaban, pero que no tenía absolutamente nada que ver con lo que él hizo luego, puesto que decidió sustituir a los animatronics por actores y sacar al público de los cochecitos, para convertirlos en víctimas/protagonistas que transitaban, sin ningún tipo de protección, por un laberinto en el que estaban representados los personajes más importantes del cine y la literatura del género del Terror. Fernando eligió el Torreón del Monje, que era un lugar abandonado, sin ningún uso, y al que simplemente daba miedo acercarse. Se hizo con solamente 6 cuadros (escenas), en plan completamente artesanal, con bombillas ocultas debajo de piedras y cosas así, pero funcionó muy bien. Además luego se testeó durante un fin de semana, para ver cómo funcionaba con público, y dio muy buen resultado.

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En estas imágenes podemos apreciar la evolución que ha tenido el Torreón del Monje, a lo largo de los años.

En estas imágenes podemos apreciar la evolución que ha tenido el Torreón del Monje, en Mar del Plata (Argentina), a lo largo de los años.

EL LOGOTIPO

Este nuevo concepto de espectáculo/atracción, presentado por “Satán Producciones”, se llamó “Pasaje del Terror, una visita sin límites”, con el conocido eslogan: “Al principio sentirá miedo, más adelante conocerá el pánico, después… quizás sea tarde”. La denominación “pasaje” era muy apropiada, porque un pasaje es un pasadizo; un lugar estrecho… y un pasaje es también un billete para ir a algún sitio, por lo tanto estaba muy bien, porque tenía doble sentido. El logotipo se hizo a partir de una modificación del cartel de “El Séptimo Sello”, una película de Ingmar Bergman. Esa imagen es muy potente. Incluso se hizo una tipografía especial para el nombre del “Pasaje del Terror” en el cartel. Más tarde, en Orlando, el logo se cambió únicamente por la cara dentro del circulito, porque en EEUU sí podíamos tener más problemas con la imagen.

IGNACIO BRIEVA Y FERNANDO QUENARD SE CONOCEN

Conocí a Fernando 3 meses después de que se hiciera el pasaje en el Torreón del Monje, porque vino al Parque de Atracciones de Madrid con un espectáculo basado en la exitosa serie de televisión “El Coche Fantástico”. Pero el espectáculo no funcionaba, porque era demasiado estático. Yo ya había dejado la magia como actuante, pero me dedicaba a hacer convenciones empresariales con el tema de la magia. Entonces me llamó Manolo, mi representante, y fue una llamada muy curiosa, porque me dijo: “tienes que enseñar a hacer magia a un coche”. Así que fui a ver el espectáculo y escribí un guión que cambió completamente todo. Para empezar, el coche tenía que parecer real, de modo que se trajeron banderas americanas y actores con uniformes de verdad, para que estuvieran protegiendo al coche, porque pensé que una cosa tan valiosa no podía estar sin escolta. Entonces le dimos todo un concepto y luego, cuando el público lo estaba viendo, entraban los malos, que se lo querían llevar, y el coche se defendía, defendía a los espectadores, etc. Realmente el coche no se movía, pero los malos lo tocaban y les daba un calambrazo, metían dentro del coche una bomba y explotaba… En definitiva, montamos un espectáculo con un poco de acción y fue un éxito. Este debut fue a principios de verano de 1987 y, en el mes de agosto, Fernando me mostró lo que hizo en Mar del Plata y me dijo: “a ver qué se te ocurre”. Me encerré en casa y le hice un guión con 20 escenarios.

BUSCANDO SOCIO INVERSOR

A Fernando le encantó el pasaje que diseñé, entramos en sociedad, fuimos al Parque de Atracciones de Madrid, les mostramos el proyecto, pero en ese momento no quisieron comprarlo. Hasta 1989 no quisieron, cuando ya vieron que era un éxito en otras ciudades. Pero en ese momento ya lo imaginamos instalado donde luego se puso, porque entonces ese caserón era un antiguo restaurante vasco que estaba cerrado y lo tenían como almacén. 

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Sobre estas líneas, 3 imágenes retrospectivas de cuando el Pasaje del Terror de Madrid era un restaurante vasco. Están extraídas de la recomendable página de Facebook “El Viejo Caserón Fans”.

Mi representante nos sugirió que se lo propusiéramos a Javier Ruíz de Azúa, que era otro representante de Bilbao que trabajaba mucho con el ayuntamiento y que podría gustarle la idea para invertir. Así que, en 1988, Javier se convirtió en el socio inversor y fundamos la empresa Monsters & Monsters.

ESTUDIANDO LA ALHÓNDIGA

Con ayuda de Javier Ruíz de Azúa y del Excelentísimo Ayuntamiento de Bilbao, montamos el “Pasaje del Terror” en la Alhóndiga, que era un enorme almacén de vino en desuso. Estaba derruido por dentro, fabuloso para hacer un pasaje. La Alhóndiga era y es un edificio bastante grande y con 3 plantas. La única zona utilizable que había era solamente un sector lateral de la primera planta, porque el resto estaba completamente imposible y en el centro había un gran patio. Para subir a la gente a la primera planta, el ayuntamiento tuvo que hacer unas escaleras y, como el terreno era amplio, pedimos que las dividieran para poder subir por un lado y bajar por el otro. Primer problema: en el primer pasaje que Fernando había hecho, en el Torreón del Monje, los pasillos eran muy estrechos y toda su confianza se basaba en esa claustrofobia. Pero una cosa así, para el ayuntamiento, tenía que tener unos pasillos con un ancho mínimo de 1.20 metros, según las normativas. Aparte, los techos eran muy altos y la estructura de las vigas permitía que nosotros pudiéramos hacer un laberinto con paneles de madera amurándonos a ellas, pero a una determinada anchura. De lo contrario, teníamos que rastrelar y, en definitiva, hacer una construcción muy complicada, con mucho más gasto en madera y en mano de obra. Así que decidimos arriesgarnos, porque sabíamos que el “Pasaje del Terror” funcionaba muy bien en claustrofobia, pero ¿funcionaría muy bien en Agorafobia, es decir, con los pasillos muy amplios? Lo hicimos así. Los pasillos tenían 3 metros de ancho, por lo que ya el simple impacto de una celda moviéndose no servía, porque al público le pillaba muy lejos. De modo que hubo que buscar una aproximación del actor, para que el grupo reculara y se aproximara a la celda, donde otro actor daba un impacto que no esperaban, porque estaban pendientes del primero.

DISEÑANDO

Entonces hice mis planos, con sus salidas de emergencia y todo, y me dijeron que tenían que estar visados por los arquitectos del ayuntamiento. Ni corto ni perezoso, me fui allí con mis bocetos y lo primero que les dije fue: “me da mucha vergüenza que ustedes tengan que visar los planos hechos por alguien que no sabe ni dibujar, pero aquí está lo que yo traigo”. Dijeron: “si nos quieres tomar el pelo está muy bien, porque si nos traes ya hasta las salidas de emergencia hechas ¿qué vamos a decir nosotros? Pues que sí. Bueno… te vamos a decir que sí, pero lo redibujamos nosotros…”
Para los espectáculos que montaba y para muchas convenciones, diseñaba yo mismo los espacios ya que, como director de espectáculos, necesitaba marcar los movimientos de los actores, para poder saber cómo equilibraba las entradas, las salidas, las escenas y todo esto. La verdad es que no me cuesta trabajo. Ya de niño el dibujo lineal no se me daba mal. Sé situar las cosas para conseguir que el público circule por donde yo quiera, sin ningún problema. En planta, eso sí, porque a la hora de dar volumen a los interiores, sí necesitaba un escenógrafo o alguien más en el terreno plástico-artístico.

CONSTRUYENDO

El laberinto lo construyó un carpintero que se llamaba Carlos y que solía trabajar para Javier Ruiz de Azúa. Éste también conocía a un chaval que es uno de los mejores artistas que yo he conocido en mi vida, que se llama Javier Fernández, y que ahora tiene una empresa en Bilbao, también dedicada a todo este tipo de cosas, que se llama “Kurva”. Es un artista increíble, pintor increíble, escultor increíble, creativo increíble. Cuando hablé con él para montar, era un chavalín de 18 o 19 años y se volvió loco. Él se encargó de decorar todo el pasaje de Bilbao. Luego, cuando hicimos “Hollywood Cars”, lo volví a rescatar, porque es un gran artista.

FANTASMAS EN LA ALHÓNDIGA

Estábamos a 15 días del debut y, para acabarlo todo a tiempo, tuvimos que echar horas extras por las noches. Eran alrededor de las 4 de la mañana, estábamos montando la parte más lejana del laberinto, que era donde arrancaba el pantano, en ese edificio en ruinas que era la Alhóndiga, que daba un miedo… Estábamos Javi Fernández, 2 carpinteros y yo, clavando ramas en las paredes y, de repente, uno de ellos dice: “para, para, para, que he oído un ruido”. No le dimos importancia y seguimos, pero ya empezamos a oír ruidos y ya me empezó a entrar a mí también el nerviosismo. Total que digo: “chicos, son las 4 de la madrugada, ¿por qué no nos vamos ya y mañana continuamos tempranito?”. Recogemos y empezamos a salir despacio, pero de repente noté que uno camina más rápido que los demás, entonces aceleré el paso… Salimos corriendo los cuatro, como desesperados, corriendo con un pánico dentro del cuerpo… Lo único que pasó es que nos sugestionamos, pero entonces pensé: “si esto nos ha ocurrido a nosotros, esto hay que venderlo, diciendo que aquí hay espíritus”. Cuando buscas un lugar para montar un pasaje, tiene que haber algo que haga que se genere allí el terror. Hay que buscar, para la publicidad, una historia que cuente que en el lugar, antes de que tú llegaras, ya ocurría algo. Y entonces generas la superstición. Una cosa muy curiosa, cuando estábamos montando en Bilbao, fue que uno de los chicos que trabajaban en la construcción tenía un pastor alemán y siempre se lo llevaba al trabajo. Era como la mascota nuestra. Cuando el pasaje se abrió al público, el perro ya no podía entrar, como es lógico, pero al mes o mes y pico se soltaron unos paneles, justamente en la zona de Frankenstein, y tuvimos que parar un lunes el pasaje para reforzar paneles y todo eso. Entonces fue este chico con el perro. El perro llegó a la puerta, se le erizó el pelo, empezó a gruñir, y no entró. Se quedó fuera, atado. Luego, comentándolo con un médico, me dijo eso que tenía toda la lógica del mundo, porque las personas, ante el miedo, funcionamos igual que cualquier animal, es decir, cuando oímos un grito, nos asustamos, o sentimos que nuestra vida está en peligro, el sistema nervioso y todo el organismo se pone en alerta, descargando adrenalina, para ir al ataque o para huir. La adrenalina huele, por eso se dice que los perros huelen el miedo, literalmente. Cuando un pasaje lleva ya un tiempo funcionando bien, aunque prácticamente no hagas nada, ya da miedo porque, en el “Pasaje del Terror”, estamos haciendo descargar adrenalina a la gente continuamente y ese olor se queda impregnado allí. Nosotros no lo percibimos conscientemente, pero llegó el perro, olió el miedo y no quiso entrar. Por eso, no es solamente que los actores van cogiendo tablas, sino que cuando pasa cierto tiempo, los pasajes se impregnan de adrenalina y nos dan más miedo.
Otra anécdota curiosa es que, en los pasajes, todos los accidentes laborales que ocurrieron fueron en el cementerio, que era donde estaban las lápidas de verdad, con lo cual eso generaba más sugestión entre los propios actores. Utilizábamos lápidas de verdad, que íbamos a buscar a los cementerios. Entonces eran cementerios pequeños donde, cada diez años, si no pagas, tiran las lápidas viejas para hacer hueco para otro. Entonces, en lugar de tirarlas, les pedíamos que nos las dieran. La única condición era picar el nombre y sustituirlo por otro. Así nació la tradición de poner los nombres de cada uno de los miembros del equipo que había construido el pasaje. Y las coronas igual, se las pedíamos a ellos, las que ya estaban mustias. También íbamos a las fábricas de ataúdes para pedirles los que estaban viejos, rotos, o deteriorados.

Esta es una aportación de Manuel Panadero. Se trata de una captura de un vídeo que hay en la web de mpe-europe, la actual empresa de Ignacio Brieva. En la imagen se puede apreciar el nombre del mencionado director artístico, en una lápida del pasaje.

Ésta es una aportación de Manuel Panadero, otro fan del pasaje. Se trata de una captura de un vídeo que hay en la web de mpe-europe, la actual empresa de Ignacio Brieva (seguía socio con Fernando Quenard en esta empresa, pero ya se jubiló y marchó a Argentina). En la imagen se puede apreciar el nombre del mencionado director artístico, en una lápida del Pasaje del Terror.

EL PORTERO

Para explicar cómo era el “Pasaje del Terror” de Bilbao, tengo que remontarme a cuando yo hice el viaje de fin de curso, que nos fuimos a Londres y coincidió justamente, en el cine “West End”, el estreno de una película que se llamó “El Exorcista”. Entonces, muy chulos, nos fuimos a verla, con la idea de que no nos iban a dejar entrar, porque yo entonces tenía 17 años y mis compañeros eran más pequeños incluso. Además, los porteros allí vestían con gorras y medallas y todo esto. Yo pensaba: “les pondrán una medalla cada vez que echen o no dejen entrar a uno”… El caso es que entramos. La promoción que hicieron para aquella película fue extraordinaria. Ya la película de por sí daba miedo, hasta el punto de que, como perdimos el tren, no pudimos ir a dormir a la residencia, así que nos fuimos a la estación Victoria. Con periódicos, en los soportales, nos quedamos a dormir, con un pánico… Aparte de que a mí no me gusta el terror… me da pánico… por eso funcionan los “Pasajes del Terror”, porque sólo tengo que pensar: “¿qué es lo que me asusta y cómo me asusta?”, para ponerlo. ¿Qué hace un artista? Llenarse para luego transmitir, pero si a ti no te asusta ¿cómo vas a poder hacer algo para que los demás se involucren en tu miedo? Entonces, en la promoción de “El Exorcista” hubo dos cosas que se me quedaron grabadas. Primero: una ambulancia en la puerta, porque decían que había personas que no podían aguantar la película y sufrían ataques de pánico y desmayos. Segundo: la sala del cine era como un gran anfiteatro, en curva, y las butacas eran como las de los aviones, con una especie de bolsillo delante donde te metían información de la película. Y también delante, al igual que en los aviones, había una bolsita por si te daban ganas de vomitar. Y no había acomodadores, sino enfermeras, por si te sentías mal. Esa fue la promoción que hicieron, en Londres, para la película de “El Exorcista”. A mí eso me encantó. Estoy hablando de cuando yo tenía 17 años. Bueno, pues llego a Bilbao, 10 años después, para lo del “Pasaje del Terror”, y me encuentro con que enfrente de la Alhóndiga estaba el servicio de ambulancias del País Vasco. Pues lo primero que hicimos fue acercarnos y conseguir que pusieran una ambulancia en la puerta. Y luego, al portero le compramos un uniforme de la Cruz Roja. Entonces, vestido así, cortaba las entradas y daba las primeras instrucciones de lo que los grupos debían hacer y no debían hacer para circular. Luego, la Cruz Roja pidió cordialmente dejar de utilizar el uniforme. En algunos pasajes se puso un guardia de seguridad y en EEUU era un enterrador.
El portero cortaba las entradas y decía algo así como: “Este espectáculo se desarrolla en un espacio poco iluminado. No enciendan linternas, cerillas, mecheros, ni ningún objeto luminoso. Caminen siempre juntos, sin correr, sin parar y sin retroceder. No toquen nada ni a nadie y nadie les tocará. Usted será el guía del grupo. Al final de la escalera hay una puerta, en la puerta hay una aldaba…” y siempre había alguien decía “¿una qué?” … “una aldaba”… “¿una qué?”… “¡un picaporte!”… “¡ah…!”. Y no tiene nada que ver un picaporte con una aldaba… son dos cosas distintas… El caso es que ya desde la entrada, alguien que imponía cierta autoridad, iba creando sugestión, dando unas normas de seguridad y diciendo que a la mitad del recorrido había una puerta por donde podían salir si no lo soportaban. Finalmente, te decía: “…golpeen tres veces y esperen, alguien vendrá a recibirles”… Claro, dejaba un indefinido… ¿alguien?… ¿qué es alguien?… ¿quién va a venir?… De ese modo, llamabas y ya tenías a todo el mundo pendiente de la mirilla y diciendo “a ver qué va a pasar”.

El portero, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

El portero, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

EL MONJE DE ENTRADA

Cuando subían las escaleras, llegaban a un primer cuarto en el que simplemente estaba la puerta de entrada, con la mirilla, la aldaba y dos gárgolas que había hecho Javi Fernández, que la verdad es que estaba precioso. El monje abría la puerta, el grupo pasaba a una zona oscura, había un altar, calaveras, dos candelabros y le escribí el conocido texto: “Los eternos moradores del Pasaje del Terror os damos la bienvenida. Vais a transitar por un oscuro laberinto lleno de desagradables sorpresas. De vosotros… solamente de vosotros dependerá que lleguéis a vuestro destino”. Entonces agarraba la reja que había a modo de puerta corredera, tiraba de ella, permitiendo el paso, y decía: “Adelante”. En un principio, cuando ya había pasado el último de la fila, el monje cerraba la reja con un estrepitoso golpe y decía: “Que tengáis suerte”. Luego se cambió por: “Que vuestros dioses os acompañen”.

La puerta del Pasaje del Terror de Madrid, con su ALDABA.

La puerta del Pasaje del Terror de Madrid, con su ALDABA.

El gran Jorge Agrafojo, mi monje favorito, en el Pasaje del Terror de Madrid.

El gran Jorge Agrafojo, mi monje favorito, en el Pasaje del Terror de Madrid.

Otra captura de Jorge Agrafojo, esta vez abriendo la reja, en el programa de Nieves Herrero "Cita con la vida".

Otra captura de Jorge Agrafojo, esta vez abriendo la reja, del programa de Nieves Herrero “Cita con la vida”.

ATAÚDES Y CEMENTERIO

A continuación teníamos un pasillo muy grande que daba a una sala también muy grande, que utilizábamos como cementerio. Entonces, en este pasillo, como más adelante teníamos un cementerio, decidimos meter el almacén del cementerio: los ataúdes, las coronas de flores y todas estas cosas. Pero ahí no ocurría nada. Lo único que había era crujido de madera de los ataúdes.
En el cementerio, fue la primera vez que se empezó a utilizar el impacto de los nichos. Pero claro, teníamos que conseguir que el público se aproximara a ellos. Ahí fue cuando surgió la idea de hacerlo un poquito inclinado, porque echamos arena de verdad sobre una estructura inclinada, sobre la que estaban las lápidas y, debajo, quedaba el hueco suficiente para que un actor pudiera meterse en una tumba y, al pasar el grupo, se levantaba, salía e iba avanzando lentamente y sin agresividad. Únicamente era para que ellos le vieran venir, recularan y les viniera el otro impacto desde el nicho.

CELDAS Y CÁMARA DE TORTURAS

Salíamos por el lateral, dábamos toda la vuelta por un pasillo muy amplio, donde solamente había celdas y se oían gritos a través de ellas y, girando, entrábamos en el cuarto de torturas, que es el mejor cuarto de torturas que yo he visto en mi vida. Primero, porque esa habitación de la Alhóndiga ya de por sí era un cuarto de torturas; increíble. Segundo, porque Javi hizo unas crucetas fantásticas, una pila para fuego, para meter los hierros (todo soldado, para que la gente no lo pudiera agarrar ni llevárselo), jaulas colgando… impresionante. Entonces, a través de eso teníamos que ir dirigiendo al público. Al principio ese cuadro no tenía representación; era simplemente visual. Pero la gente entraba y, esperando el susto, se frenaban, así que tuvimos que meter al verdugo, pero era para que los acelerara. Los actores tenían que hacer de semáforos, para que no se juntaran los grupos. De lo contrario, aquello habría acabado siendo una salchicha y no habría habido forma de actuar. Si el grupo iba lento, el actor tenía que impactar detrás para acelerarlo; si iba rápido, delante para frenarlo. Donde menos debe actuar el actor es en el centro, porque parte el grupo. Siempre es: tercio inferior o tercio superior, con la ventaja de que en el tercio superior lo ve más gente que en el tercio inferior. Y si alternas cada vez que entras, es un pasaje distinto el que estás viendo.

La tenue luz que iluminaba los pasillos de celdas en los pasajes del terror provenían únicamente de este tipo de antorchas, que apenas dan luz, pero marcan el camino.

La tenue luz que iluminaba los pasillos de celdas en los pasajes del terror provenían únicamente de este tipo de antorchas, que apenas dan luz, pero marcan el camino.

DRÁCULA Y SU MAYORDOMO

Después de este sector de torturas había que hacer un recodo. Teníamos que salir a un pasillo para luego volver por otro y la única forma de comunicar era por la balconada, con lo cual tuvimos que hacer un agujero, salir hacia afuera, taponar para que no entrara la luz y volver a entrar. Entonces, en ese rinconcito fue donde pusimos, para llenar y que la gente ahí no se parara, el reloj y el mayordomo de Drácula, que simplemente decía: “silencio, sed prudentes y no despertéis a mi amo”. Cuando entraba el grupo a la cripta de Drácula, empezaban a sonar las 12 campanadas de la medianoche. En vez de un solo ataúd, decidimos poner dos; primero el que veían ellos de frente, sobre una tarima alta y cerrado. No sabían si iba a salir algo de allí, porque estaba iluminado con una luz muy tenue. Sin embargo, enfrente había otra tarima alta sobre la que había otro ataúd y, dentro del ataúd, estaba Drácula tumbado, en la oscuridad. El público entraba solamente con las luces de referencia y, según iba pasando, se encendía un pequeño spot a la cara de Drácula, abría los ojos, mostraba los colmillos, se levantaba y se apagaba la luz (pienso que el personaje no debe verse más de 2 segundos). A partir de ahí ya el resto era el vuelo de la capa rozando las cabezas de la gente, mientras Drácula saltaba de una tarima a otra. Luego el actor desaparecía por una puerta que había en un rincón, detrás de un reloj, y que comunicaba con un pasillo interno donde los actores podían estar reunidos hasta que no pasara el grupo. Ese pasillo, que era también una vía de evacuación en caso de emergencia, tenía acceso a todos los cuadros del pasaje. Todos los pasajes que yo construí tenía todos los cuadros comunicados, o sea, todos los actores se podían juntar en el centro y luego, de ahí, distribuirse. Algo necesario también en caso de emergencia, para salir fuera si es necesario, porque el recorrido tenía que ser muy laberíntico, para generar la desestabilidad del público y para que perdieran su orientación, que es otra parte del terror, es decir: “si yo ahora tengo que salir corriendo, ¿por dónde tiro?… porque ya no sé dónde estoy… ya no sé si estoy a la derecha… ¿dónde está la puerta por donde he entrado?…”

El Mayordomo, reflejado en el espejo, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

El Mayordomo, reflejado en el espejo, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

El gran Marcial iglesias, mayordomo en el Pasaje del Terror de Madrid, durante muchos años.

El gran Marcial Iglesias, mayordomo en el Pasaje del Terror de Madrid.

Magnífica interpretación de juan Luis Menor durante muchos años en el Pasaje del Terror de Madrid. Es una captura de un vídeo que podéis ver completo en https://www.youtube.com/watch?v=2m1UY_qf5aQ&feature=c4-overview&list=UU6kbF_94nxkOPjn4LphshTQ

Magnífica interpretación de Juan Luis Menor, durante años, en el Pasaje del Terror de Madrid.

LA BRUJA

Según salían de Drácula, se encontraban en una especie de cueva semicircular, con unas pieles en la pared, donde estaba la bruja. La poníamos con una mecedora, un bastón en la mano y un caldero sobre un fuego que había en el suelo. Tenía que parecer que era una escultura; que no se iba a levantar. Luego golpeaba con el bastón, se levantaba y se acercaba a la gente. Iba como pidiéndote ayuda. Lo que funcionaba de ese personaje es la repulsión total y absoluta a que “eso” te siguiera, se te acercara y te rozara. Ningún personaje del “Pasaje del Terror” podía tocar ni tener ningún tipo de contacto físico con el público, excepto la bruja. La bruja podía rozarles con el hombro. Este personaje ya estaba en el Torreón del Monje y, cuando Fernando me lo contó, me dijo que funcionaba muy bien, pero que no sabía explicar por qué. Luego estuvimos pensando, analizando, decidimos ponerlo, y ya siempre ha estado en los pasajes que hemos hecho Fernando y yo.

La Bruja, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

La Bruja, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

LA MOMIA Y LA “SALIDA DE LOS MIEDOSOS”

De la cueva de la bruja salían por detrás. Teníamos un esquinazo donde la gente se paraba, por lo que metimos un sarcófago del que salía una momia, que los empujaba a la “salida de los miedosos” (también conocida como “salida de arrepentidos” o “chiken exit”, como se llamó luego en EEUU). Era una sala con retratos, donde había un monje sentado en la mesa, que parecía un muñeco. Entonces, cuando entraban, se levantaba y les daba la opción de abandonar. Luego se abría un retrato en la pared, por donde pasaban los que no abandonaban, y ahí es cuando metimos lo de “adelante y suerte”. Entonces quitamos la frase del monje de la entrada y metimos lo de “que vuestros dioses os acompañen”, al cerrar la reja.

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Mítico retrato que podía verse en casi todos los pasajes, en la pinacoteca o en el cuadro del mayordomo. Movía los ojos de izquierda a derecha y viceversa.

Sobre estas líneas, algunos de los míticos retratos que podían verse en casi todos los pasajes; en la pinacoteca, o en el cuadro del mayordomo. El de abajo del todo movía los ojos de izquierda a derecha y viceversa.

El monje en la biblioteca de la salida de arrepentidos en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

El monje en la biblioteca de la salida de arrepentidos del Pasaje del Terror de Málaga (1991)

EL LABORATORIO

En el laboratorio, había unos tubos con líquidos fluorescentes, iluminados con luz negra, y unos frascos con formol donde había ojos, calaveras, hígados y cosas así… no era gore pero daba un poquito de asco.

El laboratorio, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

El laboratorio, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

FRANKENSTEIN

Saliendo del laboratorio, estaba Frankenstein. Las celdas que había después del cementerio eran para potenciar el efecto de este personaje. Se trataba de mostrar unas celdas donde había ruido, pero no pasaba nada. Luego había un paréntesis de olvido y, cuando llegaban a Frankenstein y lo veían haciendo ruido dentro de una jaula, el público asociaba “celdas con ruido: no pasa nada” y pensaban que lo más que podía hacer es sacar la mano. Sin embargo, arrancaba los barrotes y salía a por ellos. Este fue el cuadro de más impacto, en todos los pasajes, hasta el punto de que la pared que había detrás, teníamos que reforzarla siempre, porque el golpe del grupo la tiraba. Nosotros medíamos la efectividad de los impactos por la cantidad de objetos perdidos que nos encontrábamos en cada cuadro. Si el impacto era muy fuerte, la reacción del público era tan violenta que se arrancaban pulseras, pendientes y perdían cosas que llevaban en los bolsillos. Incluso un actor llegó a encontrar una dentadura postiza en el pasaje de Madrid.

La jaula de Franky, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

La jaula de Franky, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

Franky, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

Franky, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

EL FANTASMA DE LA ÓPERA

Después había una sala muy amplia, también iluminada con luz negra al principio, que era el Fantasma de la Ópera, donde se instaló el primer Pepper’s Ghost que se hacía en un espectáculo de este tipo, ya que esta ilusión sólo se había utilizado en el mundo de la magia. Se veía al personaje, tocando el órgano, desaparecía como un fantasma, aparecía nuevamente y se iba a por ellos. No funcionó muy bien y al final lo acabamos quitando.

LA POSEÍDA

Para la poseída, lo primero que inventamos fue el sistema para el movimiento de la cama y de las mesillas de noche. El presupuesto era escaso, así que hicimos un agujero en la pared, detrás de cada una de las mesillas, por donde pasaba un palo que salía de éstas y así podía moverlas un actor desde otra habitación. Con la cama hicimos algo parecido: los hierros del somier atravesaban la pared y, a la altura de cada una de las patas de la cama, pusimos un tensor colgado del techo y ajustado con un muelle, de forma que detrás de la pared se colocaba un actor y lo único que tenía que hacer era empujar un poquito hacia abajo y aquello empezaba a moverse. Si Frankenstein tenía tiempo, movía él la cama y, si no, era el Fantasma de la Ópera el que le suplía. Era muy buen efecto, ya que todo lo que sea manual siempre es mucho más impactante que lo automático. Lo automático guarda una secuencia; lo manual va al libre albedrío del muelle, como se quiera mover, y como lo quiera golpear el actor. Lo manual, en este caso, ganaba en espectacularidad, porque esa cama estaba realmente descontrolada, e incluso descompensada de patas, porque igual iba un muelle antes que otro. Lo que pasa es que luego vimos que eso no era comercial para vender el pasaje, porque si tú vas a ofrecérselo a un socio, dice: “pues yo por esto no te pago”. Entonces, no vas a poner muelles, sino que tienes que invertir en software, tienes que invertir en hidráulicos, neumáticos y todo ese tipo de cosas.

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La Poseída, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

EL HOMBRE-LOBO

Salían de la habitación de la poseída y pasaban a una especie de jardín donde había troncos verticales, a modo de árboles, y ahí ya salía el hombre lobo para atacarles.
Pusimos a Frankenstein, al Fantasma de la Ópera y al Hombre-Lobo con comunicación directa a la habitación de la poseída, porque teníamos miedo de que, al ser una chica (allí era una chica quien lo hacía, luego lo empezaron a hacer chicos, para poder utilizar la voz), alguien se le subiera a la cama.

EL MONSTRUO DEL PANTANO

A continuación del Hombre-Lobo, ya estaba la zona del pantano, donde había un puente colgante, que se movía al pasar la gente sobre él, y en el puente estaba el impacto del Monstruo del Pantano, que venía desde arriba, utilizando la misma estructura del puente.

LA SALIDA

A la salida, aún no había motosierra, sino un monje que les decía algo así como: “si esto les ha asustado, prepárense para vivir el auténtico terror”. Entonces había una cortina, se abría la cortina y ya estaba la salida; la vida real. El público salía como diciendo: “el auténtico terror, ah, bueno, es la calle; la broma que nos han gastado”… No era un final potente. Entonces, salían de una zona muy oscura, había unas cortinas antes de bajar las escaleras, por donde ya les daba de frente la luz de la calle, y un día descubrí que si te ponías delante de las cortinas no te veían, porque iba yo a entrar por ahí y me pilló el grupo. Entonces me puse en la cortina y de repente cuál fue mi sorpresa, cuando vi que todo el mundo estaba saliendo y no me veía nadie. Ahí fue cuando pusimos a otro chaval, con una máscara que teníamos de reserva. No era nada; ni personaje ni nada, pero cuando la gente salió, el chico hizo sólo un débil “ahhhh” y la gente salió gritando y corriendo escaleras abajo, que no se nos mataron de milagro, con lo cual luego hicimos dos cortinas, por lo menos para que al salir corriendo no fuera ya sobre las escaleras. Pero salieron todos pegando un grito. Y la gente que estaba subiendo por el otro lado, como la escalera que subía y la que bajaba era la misma, pues cuando oyeron el grito, se dieron la vuelta y ya no querían ni entrar. Me dije: “¡qué bueno!, si conseguimos que la gente salga gritando y que en todos los recorridos la salida sea cerca de la entrada, esto ambienta y se forma otro espectáculo”. Lo que pasa es que el espectáculo, en Bilbao, solamente lo podíamos hacer para la gente que entraba, porque ya la cola estaba fuera. En los otros pasajes sí buscábamos ya que la salida, gritando y corriendo, fuera en la calle, para generar otro espectáculo. En Blackpool, hasta se hizo un bar y la gente salía del pasaje al bar, corriendo y gritando, con lo que generamos otro espectáculo para los que estaban en el bar.

EL DEBUT

Cuando debutamos, abrimos las puertas, vino tanta gente que tuvo que venir la policía a cortar la calle y a poner vallas. Nos querían multar por escándalo público. Mi recuerdo del estreno fue el siguiente: detrás de la Alhóndiga hay una plazoletita que tiene en el centro como un pequeño parquecito y, en los bancos, Fernando y yo, sentados ahí, desbordados por la cantidad de gente que había venido, mirando lo que estaba ocurriendo allí y mirándonos el uno al otro, como diciendo: “¿qué hemos hecho?” La cola, en 5 y en 7 de fondo; no de 1 ni de 2, daba la vuelta completamente a todo el edificio de la Alhóndiga, que es un edificio grande que abarca 4 calles, y se juntaba otra vez por la entrada. Fue un éxito.
Al ayuntamiento de Bilbao le vino muy bien este éxito, porque de repente todo el mundo empezó a hablar de la Alhóndiga y ya siguieron ellos haciendo cosas. La Alhóndiga ahora es un importante centro cultural en el centro de Bilbao. De hecho, ellos mismos nos pidieron abrir una sala de exposiciones relacionada con el tema del terror y abrir un barecito para dar servicio a la sala de exposiciones.

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SALOU

Estando funcionando el pasaje de Bilbao, que creo que se abrió en marzo de 1988, nos fuimos a Salou, porque al principio de inaugurar lo vieron unos feriantes que tenían una feria allí y nos contrataron para montar uno. Entonces nos fuimos a montar al Chatelet, que era un lugar en el que tenías que bajar por una escalera y luego era todo bajando por una especie de acantilado y se salía por abajo. Luego había que subir las escaleras. Para la publicidad, se dijo que en el acantilado hubo un antiguo cementerio… En Salou fue la primera vez que se puso al zombi que salía del ataúd. El actor estaba dentro de la tarima donde se apoyaba el ataúd y éste no tenía fondo, de modo que cuando levantaba la tapa, daba la ilusión de que él estaba todo el tiempo dentro. Entonces levantaba media tapa, que estaba también preparada así, para que no pesara mucho, y daba el impacto con ésta en la pared, al igual que los nichos golpeaban al abrirse hacia abajo. Luego salía por detrás de la pared, porque la tarima estaba pegada a ésta.

pasaje salou prensa

Esta aportación es de otro fan del pasaje, Eric Palau, en su interesante blog www.pasajedeelterror.blogspot.com.es

La aportación de este recorte de prensa es de otro fan del pasaje, Eric Palau, en su interesante blog www.pasajedeelterror.blogspot.com.es

SANTANDER

Acabamos de montar ese pasaje, que se montó para debutar el mes de junio y, a principios de julio, yo me fui a montar el pasaje de Santander, que funcionó durante el mes de agosto de ese mismo año. O sea, que desde marzo hasta agosto se montaron tres pasajes.

VALENCIA

Después de Santander, vino Valencia. Hasta entonces, yo me encargaba del diseño, de la construcción, de la dirección, de la puesta en escena y de todo. Pero en Valencia, el montaje se dividió en dos sectores; uno técnico y otro artístico, que fue cuando entró Santi Sardà. Él se encargó de toda la parte técnica y yo de la artística. En este pasaje fue la primera vez que pedí motosierra, pero el efecto fue muy malo, porque nadie lo había hecho antes. Era una motosierra de atrezo, con un sonido grabado, y eso no funcionó. Luego, otra cosa que se estrenó en el pasaje de Valencia fue el enfrentamiento entre el cura (que abría una biblia de la que salía fuego –otra vez la magia-) y el poseso, porque la gente subía de una escalera y necesitábamos que hubiera 2 personajes, para acelerar o retener. Mientras el cura frenaba al grupo y daba el “speach” (el texto), no pasaba nada. La gente paraba y luego ya los lanzábamos. Fue el primer cuadro completamente teatralizado que hubo en el “Pasaje del Terror”. Si venían muy lentos, entonces inmediatamente saltaba el poseso por detrás y el cura gritaba “¡huid!”, pero no decía “¡fuera!”; decía “¡huid!”, que es distinto. Porque yo, en algunos pasajes que veo por ahí, parece que los actores no quieren conservar el puesto de trabajo, porque sólo les oigo decir: ¡fuera de aquí, fuera! Echan a todo el mundo que aparece… y no se trata de eso.

EL PARQUE DE ATRACCIONES DE MADRID

En 1989, Cecilio Caparrini, que era entonces el director del Parque de Atracciones de Madrid, vino a Valencia, estuvo viendo el pasaje y dijo: “venga, va, lo montamos”. Javier Ruiz de Azúa y Santi Sardà se quedaron montando el pasaje de Madrid, con José Ángel Fernández Navío, que había empezado como carpintero en el pasaje de Valencia, y Fernando y yo nos fuimos a hacer México. El Parque de Atracciones de Madrid, en aquel momento estaba muy mal, no funcionaba, y el “Pasaje del Terror” fue un pistoletazo. Se empezó a correr la voz, la gente empezó a ir, decidieron abrir por la noche también para poder absorber las colas, nos pidieron que montáramos más espectáculos, montamos una serie de cosas, y ese fue el primer verano en que el parque empezó a abrir hasta la una y media de la madrugada. Cambió completamente los números, empezó a tener una rentabilidad tremenda y empezaron a llamar de todos los parques de atracciones del mundo, para ver qué es lo que estaba pasando en Madrid, porque se había corrido la voz. Así fue como el Parque de Atracciones de Madrid se convirtió en el “showroom” para luego vender el resto de los pasajes.

El Pasaje del Terror de Madrid, en los primeros tiempos, cuando la taquilla estaba al subir esos 4 peldaños y no había laberinto de cola.

El Pasaje del Terror de Madrid, en los primeros tiempos, cuando la taquilla estaba al subir esos cuatro peldaños y no había laberinto de cola. Por cierto, al lado de la ventanilla donde se sacaban las entradas, había un cartel firmado por “Fredy”, con una sola D, según asegura Manuel Panadero, quien piensa que faltaba una D para no pagar derechos. ¿Será eso…? El cartel rezaba: “Piénsatelo dos veces antes de sacar tu entrada. No se admiten devoluciones. Fredy”.

MÉXICO

Creo que en México pusimos el primer Freddy. Era una zona decorada con tubos de PVC simulando tuberías. Primero había una caldera con chispas y luego la sombra sobre una uralita translúcida por la que, además, pasaba la garra haciendo ruido, justamente antes de salirle al grupo. Pero Freddy no tenía todavía la transformación ni la persiana. Esto último no fue idea mía. No sé si lo aportó Santi o José, aunque yo no recuerdo que en Barcelona hubiera persiana, y creo que el último pasaje que hizo Santi fue el de Barcelona, así que igual fue cosa de José. Creo que la primera persiana la vi cuando me volví a hacer cargo, años después, en el pasaje que se llevó con Hollywood Cars, en Guatemala. Y creo que, cuando se juntó todo, con transformación ya de Freddy Krueger, creo que fue en Parquesur.

La sombra de Freddy, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

La sombra de Freddy, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

REESTRUCTURACIÓN DEL PASAJE DE MADRID

Cuando regresé de México hice la reestructuración del pasaje de Madrid, porque digamos que se consumió muy rápido. Metimos la bruja otra vez, que Santi no la había puesto, y funcionó increíblemente bien. También pusimos la primera motosierra real, porque me fui a un lugar donde vendían herramientas y descubrí que había motosierras eléctricas, con la ventaja de que no echaban humo, pero hacían ruido. Además, vi que se le podía quitar la cadena y funcionaba ya sin peligro, así que le pusimos una pala de madera, con una goma alrededor pintada de plateado. Otro dato es que nosotros teníamos un ingeniero, Eduardo Gerardi, que nos hacía toda la robótica. Entonces él cogió el mecanismo de un limpiaparabrisas, le puso la cabeza de un perro y así nació el primer perro del “Pasaje del Terror”. Lo pusimos bajando las escaleras.

El famoso perro del Pasaje del Terror de Madrid.

El famoso perro del Pasaje del Terror de Madrid.

El Motosierra, haciendo de las suyas, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

PARQUESUR

Luego hicimos el pasaje de Parquesur, que no funcionó bien. Ahí fue donde aprendimos que en los centros de ocio no funcionaba el “Pasaje del Terror”. Por eso creo que tampoco ha funcionado el de Londres.

Como ya no existe el Pasaje del Terror de Parquesur y yo trabajé en él, os dejo un plano que dibujé de memoria, sin medidas ni nada, pero bastante exacto.

Como ya no existe el Pasaje del Terror de Parquesur, y yo trabajé en él, os dejo un plano que dibujé de memoria, sin medidas ni nada, pero bastante exacto.

LA RUTA DEL TERROR

Estando operativo el pasaje de Parquesur, Cecilio Caparrini, director del Parque de Atracciones de Madrid, que se habían quedado también con el teleférico, nos llamó y nos dijo que quería montar un pasaje en el Balcón de Rosales, donde está el teleférico. Javier y Fernando no vieron negocio allí y se lo vendieron a Cecilio, pero éste puso la condición de que fueran cuadros completamente nuevos. Claro, era la misma empresa y no podía hacerse la competencia el pasaje del teleférico con el pasaje del parque de atracciones. Entonces ahí diseñamos efectos completamente nuevos. Gerardi y yo diseñamos bastantes efectos de robótica, para probarlos ahí y luego reproducir los que funcionaran mejor en el pasaje de Orlando, que era lo próximo.
Pusimos a Fumanchú, que tenía un foso que se abría bajo los pies del público, con serpientes dentro.

Fumanchú en la Ruta del Terror. Captura del programa de tve "Rápido".

Fumanchú en la Ruta del Terror. Captura del programa de tve “Rápido”.

Después se subían las escaleras, con la ambientación de las momias y luego, arriba, mecanismos de sarcófagos que se abrían, que fue la primera decoración que hicimos de pirámide. Al salir de este cuadro, se entraba en el laboratorio, donde había un efecto mecánico de un animatronic, que era el Dr. Jekyll inyectándose una sustancia para transformarse, mediante el Pepper’s Ghost, en Mr. Hyde, que ya era un actor. De ahí salíamos a un cuadro que funcionaba muy bien y que era la morgue; el único cuadro que hubo en los pasajes, completamente iluminado. Ahí entraba la gente a toda luz y se deslumbraba incluso. Había unos cadáveres que colgaban del techo, envueltos en plásticos y unas neveras donde había cadáveres congelados.

La morgue en la Ruta del Terror. Captura del programa de tve "Rápido".

La morgue en la Ruta del Terror. Captura del programa de tve “Rápido”.

Entonces se apagaba la luz, se quedaba sólo la de emergencia, y empezaban a moverse los cadáveres que colgaban del techo, porque llevaban otro mecanismo y se desplazaban por unos raíles. Esto fue idea de Fernando. Al salir de ese cuadro, el impacto que se hacía en los nichos se aplicó a una de las neveras. Luego estaba el cuarto de muñecos, con Chucky, el muñeco diabólico. Era el cuarto de un niño, lleno de juguetes automáticos y, cuando entrabas, todos los juguetes empezaban a funcionar solos. Después, sustituimos la poseída por el poltergeist, que era un dormitorio donde había una cama vacía y, de repente, se marcaba una presencia bajo las sábanas, mediante otro mecanismo, a la vez que se abría el armario y salía una especie de cara gigante de un monstruo. Luego entrábamos al Exorcista III, que era como el cura y el poseso de Valencia, pero en este caso, el cura estaba pegado a la pared y un mecanismo lo subía hasta el techo. Por cierto, el cura era el famoso actor Ernesto Alterio. Él siempre ha dicho que su primera interpretación profesional fue en la “Ruta del Terror” del Balcón de Rosales.
En la planta baja, inventé un efecto para el cuadro de la vieja de “Psicosis”, que era el personaje que queríamos meter para sustituir a la bruja, porque la idea era mantener los mismos efectos que anteriormente, pero con distintos personajes. El efecto consistía en que la vieja bajaba por unas escaleras que existían ya en el local, con un cuchillo en la mano, pero sentada en una silla de ruedas que se deslizaba por un carril fijado a la pared, sobre las escaleras. Al llegar abajo, la silla se detenía y el actor tenía que tambalearse brevemente como si fuera un muñeco, pero de repente se levantaba y se iba para el público, amenazando con el cuchillo en alto. Lo que yo más presente tenía de la película “Psicosis” era la escalera y cuando el detective cae hacia atrás por ella, pero ¿con qué podía asociar la escalera? En la película era fundamental ese elemento y, además, yo había leído mucho a Hitchcock y sabía los porqués. La otra cosa que yo tenía asociada a la película era la bañera, pero no quería poner la silueta con el cuchillo en la cortina, porque ya teníamos la de Freddy y luego también era complicado para el actor salir de la bañera. No me gustaba. El tema de la bañera no lo veía. Y de repente se me ocurrió la escalera, que había una allí, además no teníamos que pagar derechos, porque en la película no hay una silla de ruedas, la vieja no baja por la escalera y el cuchillo no lo utiliza ella, sino él. El de Fumanchú y otros efectos de la “Ruta del Terror” fueron ideas de Gerardi, pero el de la escalera se lo pedí yo a él.

La Ruta del Terror de El Balcón de Rosales. Como yo trabajé allí, os dejo un plano que dibujé de memoria, sin medidas ni nada, pero bastante exacto. ¡Qué maravilla de diseño! ¡Qué bien aprovechado el espacio, qué laberíntico y cuántos pulmones!

Podéis ver unas escenas rodadas en este pasaje, en la película “Todos los hombres sois iguales”.

EL FOSO DEL TERROR

A la vez que estaba haciendo el pasaje de Rosales, hice el de Benidorm, en Alfaz del Pi, que se llamó el “Foso del Terror” y lo vendimos también. Yo estaba en Madrid de lunes a viernes. El viernes cogía el coche, me iba a Alicante y allí estábamos viernes por la noche, sábado y domingo montando, y luego me venía a Madrid. Allí pusimos un Pepper’s Ghost, cuando salías del cementerio, en el que había un esqueleto en un ataúd y se encarnaba en un caballero zombi que salía a por los visitantes, porque aquello era todo en plan medieval. De ahí ya me fui a Orlando a montar el pasaje de allí.

TERROR ON CHURCH STREET

En 1991, creamos en EEUU la empresa OMEN (Orlando Monster Enterprise), en sociedad con los hermanos Ribas que eran los propietarios de los Restaurantes/Espectáculo Scala (Madrid y Barcelona). También fueron los que hicieron la producción del primer musical que se hizo en Madrid y que se llamó “El Diluvio Que Viene”. Con ellos, se inauguró en Orlando, sobre una superficie de 2000 metros cuadrados, la versión internacional del “Pasaje del Terror”, denominada: “Terror on Church Street”.
En EEUU, las “haunted houses” llevaban años, pero nosotros cambiamos el concepto y se volvió loco todo el mundo. Empezaron a escribir de nosotros en todas partes. Fuimos la primera “haunted house” profesional que llegó y que compitió con Disney y con Universal Studios, en su territorio, y les ganó. Todos los años que estuvimos abiertos, el pasaje de “Terror On Church Street” se llevó la medalla de oro de las “haunted houses” que daban. Hay cosas que hicimos muy populares en los pasajes, como la motosierra, porque nadie la había utilizado jamás, o el Pepper’s Ghost, que tampoco nadie lo utilizaba. Eso viene del mundo de la magia; todo eso de “pasen y vean ustedes a la mujer araña…”
En Orlando se hizo por primera vez lo del monje que pasaba una mano sobre la llama de una vela, como acariciándola, mientras te decía el texto.
También, en el cuadro de los ataúdes, fue la primera vez que uno de ellos estaba abierto, con la tapa sujeta por un cable de acero que se perdía en un agujero de la pared y, desde el otro lado, el actor soltaba el cable para cerrar la tapa del ataúd de golpe.
El Freddy de Orlando lo resolvimos para que fuera un solo actor (en otros pasajes eran dos, para poder hacer la caldera, la sombra, la persiana y la transformación). También había un carrito por una pared y Freddy iba encima, pasando la garra sobre la gente, en un callejón de cubos de basura.
En este pasaje se desarrolló completamente el cuarto de los muñecos, donde estaba el muñeco diabólico, basándonos en el pasaje de Rosales.
Hasta Orlando (Halloween de 1991) no se hizo doble aparición de Drácula, porque creo que en el primer pasaje de Madrid no había doble aparición de Drácula; en el segundo ya la había. En Orlando, Drácula se despertaba, salía del ataúd, saltaba de una tarima a otra, desparecía por la ventana, el público salía y tenía que hacer un laberinto para ir al otro cuadro, muy cerrado, donde la gente no veía bien la salida. Entonces había que iluminar un punto y aquí nació el segundo impacto de Drácula, aunque no era saliendo de una cortina, como luego hicieron Santi y José, sino que construimos un armazón que le enganchaba por el cinturón y por un pie (el mecanismo era como el que elevaba al cura en Rosales). Entonces, en el momento en que el público pasaba, él apretaba un interruptor, se encendía la luz y eso subía. Lo que hacía es que abría la capa y volaba al techo. Luego, con la capa, cerraba por arriba y entonces se apagaba la luz. Después bajaba y se iba al ataúd otra vez, para empezar de nuevo con otro grupo.

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2ª planta de Terror On Church Street, aunque creo que es sólo una modificación que se iba a hacer y que al final no se hizo, según me contó el propio Ignacio Brieva.

ANTHONY PERKINS

En Orlando contratamos a Anthony Perkins, cuando hicimos la campaña de lanzamiento. La televisión era muy cara, pero hicimos una cuña radiofónica, así que necesitábamos una voz que en EEUU estuviera reconocida como un personaje de terror. En el primero que pensamos fue en Vincent Price, pero estaba muy mayor y no podía. Entonces la agencia de publicidad con la que trabajamos todo esto (cuya gestora, María de la Roza, luego se quedó como gerente del pasaje de Orlando) nos propuso que, aunque “Psicosis” no fuera una película pura de género de terror, él había quedado como un personaje de la historia del terror. Y como nosotros además habíamos puesto en Rosales el cuadro de la vieja por la escalera, que estaba también en Orlando, pues contratamos a este hombre y nos tuvimos que ir a grabar el anuncio a Los Ángeles. Luego, para la promoción del “Pasaje del Terror” de Madrid, vino a España, se hizo un vídeo en el cementerio del pasaje de Barcelona y lo entrevistaron en diferentes programas de televisión.

Esta es una captura que hice de un vídeo que grabé en Canal Sur, cuando estuvo Anthony Perkins promocionando el Pasaje del Terror en España. Creo que es la reja del monje del pasaje de Málaga, porque en otras secuencias se veía la fachada de dicho pasaje.

Esta es una captura que hice de un vídeo que grabé en Canal Sur, cuando estuvo Anthony Perkins promocionando el Pasaje del Terror en España. Creo que es la reja del monje del pasaje de Málaga, porque en otras secuencias se veía la fachada de dicho pasaje.

He tenido dificultades para subir el spot publicitario que rodó Anthony Perkins en el cementerio del pasaje de Barcelona, pero podéis verlo en el siguiente enlace de Eric Palau https://www.youtube.com/watch?v=_op-buo2_ok

OTROS PASAJES

Luego volví a gestionar el pasaje del teleférico también, porque estaba decayendo. Después de eso fui a Roma, hice el plano del pasaje de allí, pero no lo construí yo. También hice el plano del pasaje de la Expo de Sevilla y tampoco lo construí yo. Ya me limité a hacer los planos primeros y luego ya me separé, porque empecé “Hollywood Cars” y otras cosas, hasta que retomé pasaje otra vez, porque cuando se acabó allí lo de “Hollywood Cars”, en El Salvador tenían la feria de muestras y querían que montáramos un pasaje. Entonces, José Ángel Fernández Navío desmontó el pasaje que había hecho para el “Hollywood Cars” de Madrid, yo me quedé con los materiales, y entonces diseñé uno. Hay una cosa que me gustó mucho y creo que es de José: un elevado de suelo de rejilla y focos debajo, en el cuadro de Freddy. Me lo dio hecho, del pasaje de “Hollywood Cars”, y lo aprovechamos en El Salvador.

Freddy, sobre un suelo de rejilla similar al que comenta Brieva, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

Freddy, sobre un suelo de rejilla similar al que comenta Brieva, en el Pasaje del Terror de Málaga (1991)

Allí entraban al cuarto de calderas, saltaban las chispas de la caldera y, cuando salían de ese cuarto, subían a esa zona del suelo de rejilla, donde había una pared así como de almacenes, y ahí estaba la persiana. Luego, aprovechando que había que bajar de esa rampa, es cuando pusimos enfrente la transformación, porque entonces te permitía verla de frente y verla en curva, con lo cual las cabezas de los de delante no tapaban a los de detrás, y esa solución me vino muy bien. Y ahí sí eran dos actores. Uno hacía chispa, sombra y persiana; el otro de abajo la transformación. La idea de que fueran dos era si no lo podía utilizar el mismo actor, por el recorrido, pero para negocio es absurdo que haya dos. Empezamos trabajando con 19-20 actores y al final los pasajes se manejaban con 10-11. En Orlando, los fines de semana teníamos que meter dos actores más, que eran dos monjes en escaleras, para graduar el tráfico. Creo que este pasaje de El Salvador fue el último que yo hice. También diseñé un segundo pasaje en México, que no se llegó a hacer, y el plano del pasaje de Cancún, que tampoco lo construí yo.
En Japón también hicimos un espectáculo basado en el pasaje de Orlando, para el parque de atracciones Toshimaen, y estuvo una temporada allí. Toda la producción se hizo desde Orlando, con los hermanos Ribas.

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LA NECESIDAD DE CREAR OTRAS COSAS

Al principio yo no fui consciente del éxito del “Pasaje del Terror”, porque cuando estás metido dentro de un producto, y además ese producto es un éxito, es tal la vorágine que se genera alrededor, a nivel responsabilidad, a nivel comercialización, a nivel de abogados incluso, porque teníamos hasta que tener un gabinete de abogados, ya que a Frankenstein lo denunciaron no sé cuántas veces porque decían que les había roto la ropa, al Hombre-Lobo porque les había arañado con las garras, y una anécdota divertida de una persona que nos denunció en el Parque de Atracciones de Madrid, porque decía que el Hombre-Lobo lo había tirado del puente, que estaba a 2 metros de altura, y se había hecho una lesión grave. Primero, que se caiga alguien del puente es prácticamente imposible, porque tiene un enmallado de red. Segundo, cuando fueron los abogados, vieron que el puente estaba a 5cm del suelo, pero lo más divertido de todo eso es que a las oficinas de Monsters & Monsters llegó una carta del juzgado que decía: “rogamos, a la mayor brevedad posible, se nos comunique en este juzgado de instrucción la identidad del Hombre-Lobo”. Durante un tiempo tuvimos colgada la carta. Entonces, entras en un estado tan febril, porque tienes que aprovechar la comercialización, sólo piensas en vender, vender, construir, dibujar… y al final todo se convierte en trabajo y agobio. Así que éste es mi recuerdo del “Pasaje del Terror” de los 3-4 primeros años, hasta que dije “basta”, porque es que no podía crear otras cosas. Si yo hubiera seguido en el “Pasaje del Terror”, no habríamos hecho “Hollywood Cars” nunca en la vida. Y si luego hubiera seguido en “Hollywood Cars”, no habríamos hecho el resto de las cosas.
Al final, Fernando vendió a Javier la marca, el logotipo, el eslogan y todo eso. En total han sido más de 20 millones de visitas y más de 30 instalaciones montadas en todo el mundo.

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Después de tanto tiempo, el público sigue recordando el “Pasaje del Terror” y de repente aparecen páginas webs y blogs que hablan del pasaje y eso me gusta. A mí me pareció una atracción muy limpia y muy sana, puesto que el pasaje original no tenía nada de sangre y no se podía hacer nada gore ni desagradable. Podía entrar un niño de 8 años, un niño de 80 y todos los impactos eran limpios, en el sentido de que el actor no tenía por qué gritar al público ni echarlo fuera. Se trataba de buscar la psicología del susto; la psicología del impacto; cómo te lo preparo, cómo te condiciono… eso es lo único que hay que buscar y a partir de ahí se genera el espectáculo.

Pasaje del Terror de Londres

Sábado, febrero 5th, 2011

Según ha llegado a mis oídos, lamentablemente el Pasaje del Terror de Londres ha cerrado sus puertas. Aquí os dejo un vídeo de lo que era el interior. Muy bueno.

Las fiestas de los creadores del Pasaje del Terror

Martes, enero 25th, 2011

En los primeros tiempos del espectáculo, Monsters & Monsters, en asociación con Schweppes, organizaba estos espectáculos en discotecas:

“Terror On Church Street”

Domingo, enero 23rd, 2011

Como comenté en el anterior post, en 1991 se creó en Estados Unidos la empresa OMEN (Orlando Monster Enterprise) y se inauguró en la ciudad de Orlando (Florida), sobre una superficie de 2000 metros cuadrados, la versión internacional del Pasaje del Terror denominada “Terror on Church Street”. Lamentablemente cerró sus puertas definitivamente en mayo de 1999.

Aquí os dejo algunas imágenes del espectáculo:

A continuación, el plano de la segunda planta:

Y, por último, un vídeo de este magnífico espectáculo:

Curiosidades del “Pasaje del Terror”

Lunes, marzo 29th, 2010

A lo largo de los años he ido recopilando pequeños tesoros acerca de este espectáculo. He aquí algunos, como este artículo en alguna revista de la época de los comienzos del pasaje:

Aquí os dejo una entrada del pasaje original de Madrid y otra del de Barcelona:

Este es el cartel que se exhibía en el Parque de Atracciones de Madrid:

El increíble logo del “Pasaje del Terror” es una modificación del cartel de la película de Ingmar Bergman, El Séptimo Sello, como podéis ver a continuación:

El “Pasaje del Terror” del Parque de Atracciones de Madrid se instaló en un gran caserón que en un principio fue un restaurante vasco que, tras un incendio, quedó sin uso. Entre los trabajadores del pasaje corre la leyenda de la Matilde, una cocinera que murió en el mencionado incendio. Algunos empleados aseguran haber visto su espectro o alguna de sus manifestaciones. Otros aseguran notar su presencia en la escena de Freddy Krüger, que precisamente es un personaje que murió quemado y, además, dicha escena está montada en lo que fue la cocina del restaurante, donde supuestamente se provocó el incendio. Este es el aspecto que presentaba el caserón, antes del incendio:

Mi personaje favorito del pasaje de Madrid, y el de mucha gente, era el mayordomo de Drácula. Estaba interpretado por Marcial Iglesias, un carismático actor que le imprimía una gran fuerza al personaje y que era muy querido entre sus compañeros. Trabajó en el pasaje durante más de 15 años. Aquí podéis verlo en acción:

Por si queréis haceros una idea de cómo era la distribución de un pasaje, os dejo un plano que dibujé hace poco, de memoria y “a ojo de buen cubero”. Se trata del pasaje que hubo en 1993 en el centro comercial y de ocio “Parquesur”, en Leganés (Madrid), y donde tuve el privilegio de trabajar durante 6 meses. Las zonas grises eran pasillos de circulación de actores, para moverse de unas escenas a otras. Se les llama pulmones y a las escenas, cuadros. En gris también he dibujado los camerinos y otras partes por las que el público no transitaba:

A continuación, los textos habituales del pasaje original. Podían sufrir algunas modificaciones de un pasaje a otro, pero aproximadamente eran así:

Breve historia del “Pasaje del Terror”

Sábado, marzo 27th, 2010

En 1986, en la ciudad de Mar del Plata (Argentina), en un lugar conocido como El Torreón Del Monje, se realizó la primera experiencia de un nuevo concepto de atracción/espectáculo basado en el terror, en el que las personas que se atrevían a asistir, caminaban por un laberinto en el que estaban representados los personajes más importantes del cine y la literatura del género del Terror.

El Torreón del Monje

En 1988, tras el enorme éxito de la experiencia, Fernando Quenard, Ignacio Brieva y Javier Ruiz de Azúa fundaron la empresa Monsters & Monsters para el desarrollo, crecimiento y comercialización de esta atracción/espectáculo, y se inauguró en Bilbao el primero de los “Pasajes del Terror” tal y como luego se desarrollaron internacionalmente. En 2007 tuve el privilegio de tener una reunión con Ignacio Brieva, director artístico de todo el pasaje original. Entre otras muchas cosas interesantes, me contó que se quedaron perplejos ante las enormes colas que formaba la gente, para acceder al espectáculo, y que daban la vuelta al conocido edificio de La Alhóndiga de Bilbao, donde se instaló el pasaje.

La Alhóndiga de Bilbao

En 1989 se abrió otro pasaje en el Parque de Atracciones de Madrid, con tal éxito que llegaban a pasar unas 5000 personas en un solo día. Años más tarde, fue vendido al parque y actualmente sigue funcionando con el nombre de “El Viejo Caserón”. Algo similar sucedió con el que se instaló en el Parque de Atracciones del Tibidabo, en Barcelona, que ahora se llama “Hotel Krüeger”.

“Pasaje del Terror” del Parque de Atracciones de Madrid, en sus comienzos

“Hotel Krüeger”, en el Parque de Atracciones del Tibidabo, Barcelona

En 1991, en sociedad con los propietarios de los Restaurantes/Espectáculo Scala, los hermanos Ribas, se creó en Estados Unidos la empresa OMEN (Orlando Monster Enterprise) y se inauguró en la ciudad de Orlando (Florida) sobre una superficie de 2000 metros cuadrados, la versión internacional del Pasaje del Terror denominada: “Terror on Church Street”. Lamentablemente cerró sus puertas definitivamente en mayo de 1999. Para su promoción contrataron al mundialmente conocido Anthony Perkins, por su personaje Norman Bates, en “Psicosis”. Este famoso actor incluso estuvo en España, promocionando los pasajes que había por entonces (Madrid, Barcelona y Málaga).

Terror On Church Street

Fernando Quenard y Anthony Perkins

Ignacio Brieva, Anthony Perkins y Miryam Servet

En la actualidad sólo siguen funcionando 3 pasajes en todo el mundo, con el nombre “Pasaje del Terror”. Uno está en el Parque de Atracciones Tívoli World de Benalmádena (Málaga), otro en Blackpool y han abierto uno, recientemente, en el centro comercial y de ocio Trocadero, en Londres (http://www.pasajedelterror.co.uk/).

Málaga

Blackpool

Londres

Más de 20 millones de visitas y más de 30 instalaciones montadas en todo el mundo avalan el éxito de esta atracción.

Mutaciones Tenebrosas

Martes, marzo 23rd, 2010

El Pasaje del Terror, desde sus comienzos, tiene un personaje que sale con una motosierra, un delantal ensangrentado y una máscara de portero de hockey, es decir, una curiosa mezcla entre Cara de Cuero (La Matanza de Texas) y Jason (Viernes 13). Tanta repercusión ha tenido este espectáculo durante más de 20 años, que mucha gente cree que en el cine existe ese personaje, pero la realidad es que Cara de Cuero, aunque suele jugar con una motosierra y lleva un delantal manchado de sangre, no se cubre el rostro con  una máscara de hockey, sino con una careta hecha a base de remiendos de piel humana. Por otra parte, quien estaba en el cine tras la máscara de hockey era Jason, pero no usaba motosierra, sino que blandía un gran machete. Os dejo varios ejemplos de cómo el Pasaje del Terror ha llegado a influir, en este sentido, hasta en el cine porno y en los Simpsons. Las últimas dos fotos son las verdaderas imágenes de Cara de Cuero y de Jason.